Category Archive Prostitutas numeros

Bylos anuncios de prostitutas en los parabrisas serán ilegales sexo anal prostitutas

Los anuncios de prostitutas en los parabrisas serán ilegales sexo anal prostitutas

los anuncios de prostitutas en los parabrisas serán ilegales sexo anal prostitutas

La extraña vaguedad de la carta de Rumplestiltskin le hacía temer que la conexión se le hubiera pasado por alto. Y también era posible que, en cualquiera de las breves conversaciones que había mantenido esa tarde, la persona con que el autor de la carta se había puesto en contacto no hubiera contado la verdad a Ricky.

Se negaba a creer que la carta recibida ese día fuese una mera broma pesada, aunque eso habría estado bien. La espalda se le había entumecido. No había comido y estaba hambriento. Tenía dolor de cabeza. Consideró que el dolor de cabeza era una pequeña penitencia por la conclusión a la que estaba llegando: Esas pausas le hacían sentir un poco como un viejo ermitaño que bajara de la cima de una montaña, o un oso durante los primeros minutos después de una larga hibernación.

El vigésimo primer nombre sólo le resultaba remotamente familiar. Se esforzó en intentar asignar una cara y una categoría a las palabras que tenía delante.

Una imagen se formó despacio en su cabeza. Su hermana mayor, que había fallecido diez años antes, tenía dos hijos, y éste era el mayor de los dos.

Eso convertía a Ricky en un tío bastante desangelado. Se devanó los sesos tratando de recordar no sólo el aspecto, sino algo del nombre. Estaba enfadado consigo mismo. Ella era la mayor; él era fruto de un accidente, destinado a ser siempre el bebé de la familia. Ella había sido poetisa, titulada por una universidad para mujeres de buena familia en los años cincuenta. Había trabajado primero en el mundo editorial y se había casado bien después con un abogado de Boston especializado en derecho mercantil.

Sus dos hijos vivían en Nueva Inglaterra. Ricky observó el nombre en la hoja que tenía delante. Leyó una dirección de Deerfield, Massachussets, con el prefijo De repente recordó algo: Se preguntó qué enseñaría.

La respuesta llegó en unos segundos: Entornó los ojos y visualizó un hombre bajo y enjuto con chaqueta de tweed, gafas con montura de concha y un cabello rubio rojizo que le clareaba con rapidez. Quisiera hablar con Timothy Graham. Soy su tío Frederick.

El doctor Frederick Starks. Me parece que no nos conocemos Nos vimos en el entierro de la abuela. Recuerdo lo que dijiste porque entonces no lo entendí. El joven consideró esta afirmación antes de contestar. Ricky pensó que se trataba de una pregunta poco corriente para alguien joven.

No tanto porque Timothy hijo quisiera saber para qué, ya que la curiosidad es consustancial a la juventud, sino porque su tono sonó con un ligero matiz protector. Ricky pensó que la mayoría de adolescentes se habría limitado a llamar a su padre a gritos para que contestara y habría vuelto a sus quehaceres, ya fuera ver la tele, hacer deberes o jugar a videojuegos, porque la llamada repentina de un familiar mayor y lejano no era algo que incluyeran en su lista de prioridades.

Pero el muchacho no contestó a la pregunta. La policía todavía no se ha ido El muchacho obvió la pregunta para hacer una a su vez: Es que no hemos sabido nada de ti en Diez por lo menos.

Desde el entierro de tu abuela. Ricky pensó que el chico tenía razón en recelar. Empezó el discurso que tenía preparado. Y, aunque no hemos estado en contacto en todos estos años, quería avisaros. Por eso he llamado. Los veía a los dos sentados a un lado en la recepción después del funeral de su hermana, incómodos con su ropa oscura y rígida, callados pero impacientes, ansiosos de que aquella sombría reunión se disipara y la vida volviera a la normalidad.

Mejor voy a buscar a mi padre — añadió con energía. Ricky oyó el ruido del auricular al dejarlo sobre la mesa, y voces apagadas de fondo. Enseguida recogieron el auricular y Ricky oyó una voz que sonaba como la del adolescente, sólo que con mayor cansancio.

Al mismo tiempo, contenía una urgencia agobiada, como si su dueño estuviera presionado o lo hubieran pillado en un momento de indecisión.

A Ricky le gustaba considerarse un experto en voces, en la inflexión y el tono, en la elección de palabras y el ritmo, todas señales reveladoras de lo que se ocultaba en ellas. Es una sorpresa oírte, y estoy en medio de una pequeña crisis familiar, así que espero que sea algo verdaderamente importante. Perdona que llame así, de improviso Hoy he recibido una carta amenazadora de alguien que podría ser un antiguo paciente.

He estado llamando a la familia para alertaros y para averiguar si ha ocurrido algo. Se produjo un silencio frío y sepulcral que duró casi un minuto. Estoy suponiendo que es un ex paciente pero no lo sé con certeza. De hecho, podría no serlo. Lo cierto es que todavía no sé nada seguro. Es evidente que me preocupó lo suficiente como para hacer algunas llamadas.

Llamé a la policía y han venido a decirme que no pueden hacer nada. Timothy Graham no contestó enseguida. Pareció inspirar hondo pero, en lugar de tranquilizarse, fue como si liberara un arrebato de rabia contenida. Un chalado de mierda. Un hijo de puta repugnante. Si alguna vez le pongo las manos encima, lo mato. Lo mato con mis propias manos. El repentino arranque de cólera sorprendió a Ricky. Parecía absolutamente impropio de un profesor de historia de un instituto privado, exclusivo y conservador.

Ricky esperó, al principio un poco inseguro de cómo contestar. Cuéntame qué ha pasado que te ha disgustado tanto. Tim vaciló otra vez mientras inspiraba hondo, y el sonido recordó el siseo de una serpiente al otro lado de la línea.

Ricky se puso tenso en su asiento. Algo le estalló de repente en la cabeza, como una revelación. Debería haber visto la conexión de inmediato. De todos sus parientes, uno cumplía años, por pura coincidencia, el mismo día que él.

La niña cuya cara le costaba tanto recordar y a la que sólo había visto una vez, en un entierro. Pero no permitió que nada de eso le asomara a la voz. Ya sabes, una de esas bonitas tarjetas sensibleras y nada originales, de tamaño gigante, que venden en cualquier centro comercial.

Todavía no entiendo cómo ese cabrón pudo entrar y abrir la taquilla sin que nadie lo viera. El caso es que, cuando Mindy llegó al colegio, se encontró la tarjeta, creyó que era de alguno de sus amigos y la abrió. Estaba llena de pornografía asquerosa.

Pomo a todo color que no deja nada librado a la imaginación. Fotos de mujeres atadas con cuerdas, cadenas y cueros, y penetradas de todas las formas imaginables con todos los objetos posibles. Pomo duro, triple equis. Y ese bastardo escribió en la tarjeta: Quieren alguna clase de acto manifiesto. Dicho de otro modo, tienen que atacarla primero. Tal vez de alguien al que puse mala nota el trimestre pasado. Por supuesto no deja de ser una posibilidad, pero No parece cosa suya.

Es inofensivo, de verdad. Se preguntó si su sobrino percibiría la mentira en su voz. Estaba furioso, nervioso e indignado, y no era probable que fuera capaz de discernir con claridad durante cierto tiempo. Mindy se ha pasado el día llorando.

Cree que alguien quiere violarla. Parece que fue ayer que todavía jugaba con el osito de peluche y la muñeca Barbie. Dudo que pueda dormir esta noche, o en unos días. Sólo espero que el susto no la haya cambiado.

Ricky no dijo nada, y su sobrino prosiguió tras tomar aliento. Tampoco contestó esta vez, pero la pregunta resonó en su interior. Horrible —soltó Timothy Graham—. Y tras esas palabras, Timothy Graham colgó. Ricky Starks se inclinó hacia la mesa. Soltó el aire despacio entre los incisivos produciendo un largo silbido.

Estaba disgustado e intrigado a la vez por lo que Rumplestiltskin había hecho. Mostraba también algunas habilidades a las que sería prudente prestar atención.

Rumplestiltskin había logrado superar la vigilancia del colegio y tenido la pericia de un ladrón para abrir una cerradura sin destrozarla. Había salido del colegio sin ser descubierto y viajado después desde Massachussets hasta Nueva York para dejar su segundo mensaje en la sala de espera de Ricky. Pero eso no era lo que molestaba a Ricky.

Cambió de postura en el asiento. Las palabras de su sobrino parecían resonar en la consulta, rebotando en las paredes y llenando el espacio con una especie de calor: Ricky pensó en ello. A veces, en el transcurso de una sesión, un paciente decía algo que resultaba impactante, porque eran momentos de conocimiento, fases de comprensión, percepciones que indicaban un progreso. Eran los momentos que todo psicoanalista buscaba.

Solían ir acompañados de una sensación de aventura y satisfacción, porque señalaban logros a lo largo del tratamiento. Ricky sintió una incontrolable desesperación acompañada de miedo. Rumplestiltskin había atacado a la hija de su sobrino en un momento de vulnerabilidad infantil. Y lo había vuelto feo y aterrador.

Se llevó una mano a la frente como si tuviera fiebre. Le sorprendió no encontrarse sudor en ella. Un hombre con una pistola o un cuchillo víctima de una obsesión sexual. O un conductor borracho que acelera sin precaución por la carretera. O alguna enfermedad insidiosa, como la que mató a mi esposa, que empieza a carcomernos las entrañas. Pero es mucho peor que nos destruyan. Había usado esa palabra, junto con arruinar.

El impacto y el dolor de una pesadilla pueden ser mucho mayores que el de un puñetazo. Asimismo, a veces lo que duele no es tanto ese puñetazo como la emoción tras él. Se detuvo de golpe y se volvió hacia la pequeña estantería que había contra una de las paredes laterales de la consulta, repleta de obras, en su mayoría libros de medicina y revistas profesionales.

Esos libros contenían literalmente centenares de miles de palabras que diseccionaban clínica y fríamente las emociones humanas. De pronto comprendió que era probable que todos esos conocimientos no le sirvieran de nada. Lo que quería era sacar un libro de un estante, hojear el índice y encontrar una entrada en la R para Rumplestiltskin que incluyera una descripción sucinta y sencilla del hombre que le había enviado aquella carta. Sintió miedo porque sabía que no existía tal entrada, y se encontró volviendo la espalda a los libros que hasta ese momento habían definido su profesión, y lo que recordó a cambio fue una secuencia de una novela que no releía desde su época de universitario.

No la muerte ni la tortura, sino las ratas. Se preguntó, en ese instante, si todo eso iba a cambiar 12 John Katzenbach El psicoanalista y si de repente iba a convertirse en su Habitación de ficción. El lugar donde guardaban lo peor del mundo.

Su consulta estaba llena de carpetas, montones de cuadernos de taquigrafía, montañas de papeles y un anticuado minicasete que llevaba una década obsoleto bajo una pequeña pila de cintas.

Todo ello contenía la desordenada documentación que había acumulado sobre sus pacientes a lo largo de los años. Había notas sobre sueños y entradas anotadas que enumeraban asociaciones críticas hechas por los pacientes o que se le habían ocurrido a él durante el tratamiento: Había formularios nada metódicos donde constaban estaturas, pesos, razas, religiones y lugares de origen. Tenía documentos sin orden alfabético que definían tensiones arteriales, temperaturas, pulsaciones y cantidades de orina.

Ricky Starks no era internista, cardiólogo o patólogo, especialistas que visitan a cada paciente buscando una respuesta claramente definida a una dolencia y que conservan notas detalladas sobre el tratamiento y la evolución. Eso era lo que convertía al analista en una especie de intruso dentro de la medicina y lo que atraía a la mayoría de quienes se dedicaban a esta profesión.

Se le ocurrió que había ignorado el caos que era en realidad su vida hasta que algo grande y perjudicial había irrumpido en ella desestabilizando los cuidadosos equilibrios que él le había impuesto. Porque ya sospechaba que Rumplestiltskin no estaba ahí. El estilo de la escritura. Todos los estados evidentes de cólera, rabia y furia. Para él, estos elementos habrían sido tan distintivos e inconfundibles como las huellas dactilares para un detective. Pistas reveladoras a las que habría estado atento.

Sabía que esta suposición contenía bastante arrogancia. Podía regresar, todavía con las cicatrices internas que lo habían impulsado a acudir a él en principio. O regresar enfadado, con la sensación de haber desperdiciado años hablando sin que nada hubiera cambiado demasiado para él. Eran posibilidades, aunque en las casi tres décadas de Ricky como analista, había habido pocos fracasos así. Por lo menos, que él supiera.

Pero no era tan engreído como para creer que cualquier tratamiento, por largo que fuera, conseguía invariablemente un éxito total. Siempre habría terapias con peores resultados que otras. Tenía que haber pacientes a los que no hubiera ayudado. O a los que hubiera ayudado menos. Pero Rumplestiltskin presentaba un retrato muy distinto. El tono de la carta y el mensaje transmitido a la hija de catorce años de su sobrino mostraban a una persona calculadora, agresiva y, contra toda lógica, segura de sí misma.

Pero nadie había mostrado nunca el grado de odio y obsesión de Rumplestiltskin. Aun así, el autor de la carta era alguien relacionado con un paciente al que había tratado sin éxito. Porque, ahora que lo había meditado varias horas, no le quedaba duda de que ahí estaba la relación. La persona que quería que se suicidara era el hijo, el cónyuge o el amante de alguien. Así pues, la primera tarea consistía en determinar qué paciente había dejado el tratamiento en malas circunstancias.

A partir de ahí podría empezar a retroceder. Se abrió paso por entre el revoltijo que había organizado hacia la mesa y tomó la carta de Rumplestiltskin. La primera tarea es organizar mi historial profesional. Encontrar la partes que puedan eliminarse. El objeto del estudio era determinar los factores previsibles de los crímenes violentos, pero no había sido un éxito clínico. Sin embargo, había conocido y participado en el tratamiento de hombres que cometieron delitos graves.

Ricky sintió una sed repentina, como si tuviera la garganta reseca. Se percató de que no sabía casi nada sobre el crimen y los criminales. No tenía ninguna experiencia especial en violencia. Lo cierto era que le interesaba poco ese campo. Ninguno figuraba en el reducidísimo círculo de amigos y conocidos profesionales con que se mantenía de vez en cuando en contacto.

Miró los libros que ocupaban los estantes. Ahí estaba Krafft—Ebing, con su influyente obra sobre psicopatología sexual. Y se respondió que, si conseguía contestar a eso, descubriría quién era. Los dividiré en categorías que representen todas las fases de mi vida profesional. Después empezaré a investigar. Era un dormitorio sencillo y austero, con una mesilla de noche, una cómoda, un modesto armario y una cama individual.

Los adornos y obras de arte alegres con que su mujer había decorado la habitación también habían desaparecido en su mayoría. Había dado su ropa a la beneficencia y enviado sus joyas y objetos personales a las tres hijas de su cuñada.

Una muerte lenta y dolorosa seguida de tres años de borradura. Se quitó la ropa, entreteniéndose en doblar con cuidado los pantalones y en colgar la chaqueta azul.

La camisa fue a parar a la cesta de la ropa sucia. Dejó la corbata en la superficie de la cómoda. En el cajón de la mesilla tenía un frasco de somníferos que rara vez tomaba. Habían superado con creces su fecha de caducidad, pero supuso que todavía le harían efecto esa noche. Se tragó uno y un pedacito de otro con la esperanza de que lo sumieran pronto en un sueño profundo e insensibilizante.

Los sueños eran acertijos inconscientes e importantes que reflejaban el alma. Lo sabía, y solían ser vías que le gustaba recorrer.

Le pareció que la sesión había ido bien. La terapia de la joven se centraba en unos padres agresivos que habían rodeado su infancia de un ambiente cargado de logros pero falto de cariño.

Por consiguiente, en sus sesiones con Ricky solía estar impaciente, ansiosa por lograr percepciones que encajaran con sus lecturas y trabajo del curso en el. Ricky no dejaba de frenarla y de procurar que entendiese que conocer los hechos no implica necesariamente comprenderlos.

Cuando tosió un poco, cambió de postura en el asiento y dijo: La joven, que había estado hablando sobre un nuevo novio de dudosas posibilidades, suspiró. Nos veremos en septiembre. Todo el día pareció transcurrir con la normalidad de siempre. Recibió un paciente tras otro, sin demasiada aventura emocional. Por supuesto, lo que se omitía era tan interesante como lo que se podía haber dicho, y con cada paciente estuvo alerta a esos agujeros en la narración.

Tenía una confianza ilimitada en su habilidad de recordar con precisión palabras y frases pronunciadas que podrían estar provechosamente latentes durante el mes de paréntesis.

En los minutos entre una sesión y otra se dedicó a recordar sus años anteriores para empezar a preparar una lista de pacientes anotando nombres en un cuaderno. A medida que avanzaba el día, la lista fue creciendo. Pensó que su memoria seguía siendo buena, lo que lo animó. Por una parte quería romper la rutina que la carta detallaba con tanta exactitud, como una especie de desafío.

Pero sería un desafío mucho mayor seguir la rutina para que Rumplestiltskin viera que su amenaza no lo había amedrentado. Así pues, salió a mediodía y recorrió la misma ruta de siempre, pasando por las mismas plazas y aspirando el aire opresivo de la ciudad con la misma regularidad con que lo hacía cada día.

Cuando regresó al piso, suspiró aliviado. Los pacientes de la tarde siguieron la misma pauta que los de la mañana. Algunos estaban algo resentidos por las próximas vacaciones; era de esperar. Otros expresaron cierto miedo y bastante ansiedad. La rutina de las sesiones diarias de cincuenta minutos era poderosa, y a unos cuantos los desasosegaba saber que carecerían de ese sostén aunque fuera por tan poco tiempo.

Todo, cada momento, cualquier cosa durante la vida cotidiana podía asociarse a la percepción. Y eso hacía que el proceso fuera fascinante tanto para el paciente como para el analista. Cuando faltaba un minuto para las cinco, miró por la ventana. El día estival seguía dominando el mundo fuera de la consulta: El calor de la ciudad poseía una insistencia que exigía reconocimiento. A veces le parecía como si no hubiera aire en ninguna parte.

Apartó los ojos de la ventana al oír los tres toques del timbre. Se puso de pie y se dirigió a abrir la puerta para que el señor Zimmerman entrara con toda su impaciencia. A Zimmerman no le gustaba esperar en la sala. Llegaba unos segundos antes del inicio de la sesión y esperaba ser recibido al instante. En una ocasión, Ricky había observado cómo se paseaba en la acera frente a su edificio, una tarde fría de invierno, sin dejar de consultar frenéticamente el reloj cada pocos segundos, deseando con todas sus fuerzas que pasara el tiempo para no tener que esperar dentro.

Pero no lo había hecho. Ricky inspiró hondo y puso su mejor cara de póquer. Tanto si Ricky sentía que tenía en la mano un full como una mano perdedora, Zimmerman recibía todos los días la misma expresión imperturbable; Abrió la puerta y empezó su saludo habitual: Pero en la sala de espera no estaba Roger Zimmerman. En su lugar, Ricky se encontró frente a una joven escultural y atractiva. Llevaba una gabardina negra, con cinturón, que le llegaba hasta los zapatos, muy fuera de lugar en ese caluroso día veraniego, y unas gafas oscuras, que se quitó dejando al descubierto unos penetrantes y vibrantes ojos verdes.

Tendría treinta y pocos años. Estoy aquí en su lugar. Aunque parezca mentira, tomó esa decisión en la parada de metro de la calle Noventa y dos después de una breve conversación con el señor R. Fue el señor R quien lo convenció de que ya no necesitaba ni deseaba sus servicios. Y, para nuestra sorpresa, a Zimmerman no le costó nada llegar a esa conclusión.

Y, dicho eso, pasó junto al sorprendido médico y entró en la consulta. Ricky la observaba mientras ella echaba un vistazo alrededor de la pequeña habitación. Avanzó y examinó los libros que había en los estantes, inclinando la cabeza a medida que leía los títulos densos y aburridos. Pasó un dedo por el lomo de un volumen y, al comprobar el polvo que se le acumulaba en la yema, meneó la cabeza.

Levantó los ojos hacia él y comentó en tono de reproche—: Se acercó a la pared de color crema donde colgaban los diplomas y algunos cuadros de pequeñas dimensiones, junto con un retrato enmarcado en roble del Gran Hombre en persona.

Freud sostenía en la foto su omnipresente puro y lucía una mirada triste con sus ojos hundidos. La joven dio unos golpecitos al cristal del retrato con uno de sus largos dedos, en los que lucía uñas pintadas de rojo.

Cualquier político de tres al cuarto tiene un retrato de Lincoln o de Washington. Debería haber una ley que lo prohibiese. Eso indica a quien entra aquí quién estableció en realidad las directrices. Y supongo que te confiere una legitimidad que, de otro modo, podría cuestionarse.

Ricky Starks agarró en silencio una silla y la situó frente a su escritorio. Luego lo rodeó e indicó a la joven que tomara asiento. Le indicó que se sentara por segunda vez. La joven recorrió de nuevo la habitación con sus vibrantes ojos verdes como si procurara memorizar todo lo que contenía y, finalmente, se dejó caer en la silla. Lo hizo con languidez, a la vez que metía la mano en un bolsillo de la gabardina negra y sacaba un paquete de cigarrillos.

Se colocó uno entre los labios y encendió un mechero transparente de gas, pero detuvo la llama a unos centímetros del pitillo. Qué mal educada soy. De hecho, Ricky, creo que fue en , si el señor R no me ha informado mal. Había que ser valiente para dejar de fumar, Ricky. En esa época mucha gente encendía el cigarrillo sin pensar en lo que hacía, porque, aunque las tabacaleras lo negaban, la gente sabía que era malo para la salud.

Te mataba, era cierto. Así que la gente prefería no pensar en ello. Eso me dice algo. La joven encendió el cigarrillo, dio una larga calada y dejó escapar parsimoniosamente el humo. Ricky abrió un cajón del escritorio y sacó el que guardaba allí. Lo puso en el borde del escritorio. La joven apagó el cigarrillo de inmediato. Sólo un ligero olor acre a humo para recordarnos esa época. Fue un sonido discordante, fuera de lugar, como una risotada en una iglesia o un clavicémbalo en un aeropuerto.

Cuando su risa se desvaneció, dirigió una mirada penetrante a Ricky. Todo lo de esta visita, Ricky. De modo que tienes que estar alerta todo el rato. Así que debes estar siempre preparado y receptivo. Aunque resulta evidente que lo es.

De nuevo, él permaneció callado unos segundos, contemplando a la joven con la intención de desconcertarla. Por fin, habló en voz baja. Parece saber mucho sobre mí y, como mínimo, un poco de lo que pasa aquí, en esta consulta, y yo ni siquiera conozco su nombre.

Me gustaría saber a qué se refiere cuando dice que el señor Zimmerman ha terminado su tratamiento, porque el señor Zimmerman no me ha dicho nada. Quiero que conteste a estas preguntas de inmediato. Si no, llamaré a la policía. La joven volvió a sonreír.

Él alargó la mano hacia el teléfono. Respuestas a preguntas que lo han atormentado durante años. Ricky pensó que ésa era una idea fascinante. Pero el interés de la observación se vio superado por la creciente irritación que le despertaba la actitud de la joven.

Sólo mostraba arrogancia y seguridad. Puso la mano en el auricular. No sabía qué otra cosa hacer. De lo contrario llamaré a la policía y dejaré que ella se encargue de todo.

Ni tampoco qué tiene de juego pedirme que me suicide. La joven le señaló la mano. Pero no si descuelgas ese teléfono y llamas a la policía. Estamos sólo en el primer día, Ricky. Rendirte ahora sería como aceptar la derrota antes del saque inicial. Antes de haber tenido tiempo de pasar siquiera del medio campo. Ricky apartó la mano. Todo poeta necesita un guía.

La mujer se encogió de hombros. Es muy rico y puede contratar todo tipo de ayuda. Cualquier clase de ayuda que quiera. Para lograr cualquier medio y fin que prevea para cualquier plan que tenga en mente. El señor R no es tan ingenuo como para 2 revelar su identidad a meros factótums como yo. Y, aunque pudiera ayudarte, no lo haría. Nadie querría entrar ahí Tienes que cruzar esa entrada. Pero las dudas siembran vacilación y sólo te quedan dos semanas para jugar, lo que es poco tiempo.

De ahí que te haya enviado un guía de fiar para que arranques. Usted insiste con lo de un juego. Usted y su jefe, el misterioso señor R, pueden joderme la vida si quieren. Eso es una cosa. Pero otra muy distinta es que involucren a mis pacientes. Eso supone cruzar un límite. Virgil levantó una mano.

Él la miró con dureza. Pero ella hizo caso omiso y, con un ligero gesto de la mano, añadió: Yo no participé en esa conversación, de modo que no puedo darte detalles. Mi función era otra. Sin embargo, te diré quién intervino. Una mujer de mediana edad y algo desfavorecida llamada Lu Anne, un nombre bonito y, sin duda, inusual y poco adecuado dada su precaria situación en este mundo.

El caso, Ricky, es que cuando me vaya de aquí, te convendría hablar con Lu Anne. Quién sabe lo que podrías averiguar. Ricky iba a pedirle que se explicara, pero Virgil se levantó. Fac es de la raíz del verbo latino facio, facere, que significa hacer, y totum, todo. Después, con un movimiento brusco, dejó caer la prenda al suelo.

No llevaba nada debajo. Se puso una mano en la cadera y ladeó el cuerpo provocativamente en su dirección. Se volvió y le dio la espalda un momento, para girar de nuevo y mirarlo de frente. Ricky asimiló la totalidad de su figura con una sola mirada. No eres tan viejo. No hace falta que contestes. Conozco bien la reacción. La he visto antes, en muchos hombres. Sobre todo el cuerpo de una mujer que no conoce. Una visión que es toda aventura. Los clientes pueden así escoger mejor su mercancía.

La integración de los mercados y el derrumbe de las trabas tarifarias han llegado, por fin, al subdesarrollo. Aunque el callejón sigue en vigencia, no así La Casa que ha sido convertida en un parqueo privado. Otro es que el parque se ha especializado.

Los costados sur y oeste son frecuentados por trabajadores sexuales, cuyas edades oscilan entre los 17 y los 25 años aproximadamente, que ofrecen sus servicios allí por las noches.

Estos jóvenes de la calle asaltan tanto a los gays como a los trabajadores del sexo. Unos veinte hombres, entre participantes y espectadores, se involucraron en la orgía.

Otro cambio ha sido la generalización de la micción. Orinar o pretender hacerlo es asunto grupal ahora. En vista de que los trabajadores sexuales tienen su espacio, los clientes no tienen que perder tiempo descifrando personalidades. El etnógrafo grabó una de las llamadas que recibió: Soy Armando, para servirle. Tengo la picha toda parada. Te cuento cómo tengo la picha si me respondés unas preguntas. Algunas veces me cito con la gente para irnos a otro lado. Ubicado frente a una iglesia, ocupa una manzana de terreno recientemente restaurado como parte del proceso de embellecimiento de la Municipalidad capitalina.

En la zona de teléfonos ubicada al oeste, por ejemplo, se desarrollan numerosos ligues; allí se finge telefonear y comienzan a intercambiarse miradas ya sea con quienes usan el teléfono o quienes pretenden esperar que alguno se desocupe.

Ésto es una forma de insinuarse al tipo que espera. Miramos cómo una vez que cuelga y se aleja, el hombre que hacía que esperaba lo sigue y se ponen de acuerdo. Los baños se encuentran ubicados al fondo del local del restaurante, que por cierto se señala como un lugar de cita de la comunidad gay capitalina.

Los baños ofrecen una notoria privacidad. Uno de los etnógrafos fue testigo de un encuentro sexual en el sitio. Al ingresar, pudo observar a varios individuos ocupando tanto el lavamanos como los orinales de pared.

Uno de ellos, situado en un orinal, mostraba su pene a un joven a su lado, quien extendió la mano para proceder a masturbarlo. Al oeste del Parque Principal se ubica otro sitio de similares características, el Parque de La Misericordia. Aquí los trabajadores sexuales de origen nicaragüense son la mayoría absoluta. Hacia la parte norte del centro de San José se encuentran localizados otros dos parques que forman parte de esta geografía del deseo: En el costado sur del Parque Pinochet se ubica Thai Pei, uno de los principales prostíbulos femeninos de la capital, por lo que el flujo de personas, principalmente hombres -nacionales y extranjeros- en el sitio es constante incluso en horas de la noche.

Desde hace unos años, el Parque Pinochet se ha convertido en lugar de contacto para trabajadoras sexuales y sus clientes, e incluso recientemente han empezado a ubicarse en sus proximidades travestis dedicados a la misma actividad. En cuanto al Parque Colombia, éste ha sido mencionado por algunos trabajadores sexuales masculinos como sitio de ligue. Lo mismo sucede en otros centros comerciales.

Quienes acuden para ligar empiezan a llegar al sitio alrededor del mediodía, y pueden prolongar su permanencia durante algunas horas. A diferencia de otros lugares, la interacción se da aquí a plena luz del día, por lo que los códigos varían sensiblemente. Esta tarde algo inusual ocurre. Vemos cómo una mujer ingresa con dos hombres en el servicio. Nuestro confidente se queda oyendo. Se oyen gemidos de los dos cubículos. Él se dirige al cubículo de ella y le dice: La mujer no contesta y sigue gimiendo.

El muchacho regresa al orinal y empieza a masturbarse y le dice en voz alta: Cuando se apagan los gemidos de los cuatro a ritmos muy diferentes , los dos varones salen del cubículo y nos dicen: Todos salimos del servicio. Acude al lugar mucha gente joven, adolescentes o niños, así como familias y grupos de amigos, aunque no faltan individuos de mayor edad, todos ellos dentro de la marginalidad social.

El Balneario se ha convertido en un sitio de reunión de algunos estratos de la comunidad gay, especialmente entre semana. Una forma de mostrar los genitales es usar tangas pequeñísimas o vestidos de baño bien tallados. Cuando dos hombres se gustan, se van hacia las duchas y los vestidores. Unos vigilan la entrada de clientes para que otros puedan tener relaciones.

Un hombre afeminado, estilista conocido, se baña a la par de él y le hace una seña para que lo siga a su vestidor. Ambos ingresan mientras que otros cuatro ayudan a vigilar mientras observan el acto sexual.

En medio de la acción, dos deportistas ingresan en las duchas y miran desde lejos el movimiento en el vestidor. El sitio es completamente accesible. La iluminación es la gran ausente. Por las noches, La Llanura es tierra de hombres, quienes llegan al lugar en busca de sexo. Las edades de los usuarios son variadas, desde jóvenes de 18 y 19 años hasta adultos de 60 o 70 años. Usuarios del sitio han indicado que apenas cae la tarde la actividad sexual comienza en La Llanura. Quien accede a La Llanura debe conocer el código de comportamiento.

En primer lugar, es casi indispensable tener auto. El cliente viaja a baja velocidad por las calles, con las luces encendidas, mientras a su alrededor circulan otros autos en las mismas condiciones; así se establecen los primeros contactos. Para ello, el cliente recorre los estacionamientos para observar quiénes han detenido allí sus autos, o coloca el suyo en alguno. Acto seguido se procede a apagar las luces y a detenerlo: Un joven, de unos 20 años, era el centro de atención de los otros dos.

Los dueños del carro se le acercan. El joven deja que uno lo bese profundamente. Luego, le retira suavemente la faja y le baja el pantalón. El hombre que lo besa le termina de bajar el calzoncillo. Le acaricia las nalgas y lo agarra de la cintura y le pide que se vuelva.

Mientras el muchacho lo hace, el otro hombre empieza a felar al que se ha puesto el condón, como para lubricarlo. El muchacho se inclina y el hombre lo empieza a penetrar. Luego, el hombre que penetra le pide que caminen alrededor del círculo.

Cada uno puede tocar y besar a cualquiera de los dos. El otro varón ha terminado haciendo sexo oral con uno de los mirones. Tampoco discriminan por orientación sexual. Los heterosexuales y homosexuales se han dividido los espacios para tener sus relaciones. Con su fachada color celeste y puertas rosadas, no se caracteriza precisamente por su buen gusto en materia de decoración: Un poco en la misma línea del anterior, aunque con notables diferencias, el viajero del deseo tiene a su disposición el Cinema A diferencia del Limon City, aquí sí se proyecta cine.

El mundo del cine es también predominantemente masculino. Entre la cincuentena de personas en el Limon City solo asistió una mujer, acompañada de su pareja, en tanto en el Cinema había alrededor de tres de ellas, siempre acompañadas. Y es un mundo predominantemente adulto: El sector posterior derecho es la zona donde se ubica la clientela gay, donde acuden a mantener varios tipos de relaciones sexuales; el resto del cine, en cambio, es territorio de hombres aparentemente heterosexuales.

En el Limon City, hay tres servicios sanitarios con las puertas abiertas. Unos hombres se sientan en las tres tazas. Pronto otros varones deciden abrirlas. Uno de ellos se para y empieza a bajarse los pantalones. Escoge entonces su cubículo. Ingresa y se baja sus pantalones.

El que esperaba decide felarlo. Sin embargo, no cierran la puerta. Otros clientes, inclusive el del cubículo contiguo, miran la escena. Los actores disfrutan de los mirones. Una media hora después, vuelve a los baños para iniciar otro encuentro. Sin embargo, éste la deja por unos minutos para ir al servicio. La mujer lo mira y parece no importarle; vuelve a clavarle los ojos y le sonríe.

El hombre la besa y le mete la mano debajo de la blusa. El compañero anterior regresa del servicio. En vez de enojarse, se sienta sin decir palabra. Mientras el otro besa a su compañera, él le abre la bragueta y le saca su pene. Lo empieza a felar. En unos segundos, la mujer dice algo que sugiere que se va a levantar. Se trata de una casa vieja pintada con colores chillones amarillo, naranja con un gran rótulo que anuncia su nombre; el lugar se ubica en una zona frecuentada por prostitutas, donde existe mucho edificio comercial o de departamentos, y circula gran cantidad de vehículos.

La casa es vieja y su principal característica parece ser una constante remodelación que siempre queda a medias: En términos generales es un sitio sucio. El lugar abre a las 2 p. Siguiendo por un pasillo es posible llegar a las dos salas de proyección: Ingresamos en la sala gay.

Quince muchachos entre 18 y 25 años miran una película porno. Algunos de ellos se ríen nerviosamente y no saben qué hacer. Solo el joven que él llama por Carlos se atreve a quitarse el pantalón. El dueño se vuelve hacia un muchacho afeminado que mira con ojos de miedo lo que sucede. Le da un condón a Carlos. Los muchachos se ríen. En esa sala, la trabajadora del sexo tiene relaciones con cuatro hombres que se turnan para penetrarla. Los tres muchachos, después de mirar un rato, regresan a la sala y empiezan a masturbarse.

El dueño los incentiva: Uno de ellos es Adonis. Al final de éstas hay un portón eléctrico que se abre desde el interior. El horario de trabajo es similar al de otros saunas, de 2 a 10 p. Ellos se concentran en la sala de televisión del lugar, vistiendo cortas y ajustadas pantalonetas de lycra, trajes de baño o calzoncillos.

Ya sean parejas heterosexuales u homosexuales, las personas la usan poco. Cuando se habla es de cosas intrascendentes. Ninguna de las conversaciones se aproxima a la realidad de lo que sucede. Un hombre habla del tiempo con otro. Aquél pregunta la hora; éste pide un fósforo Para Derrida, la tradición occidental de pensamiento se ha centrado en la superioridad de la palabra hablada sobre la escrita El lenguaje escrito es así visto como el gran ausente y un simple, e imperfecto, sustituto del oral.

Si no hablamos, no conocemos y nuestra conducta es tachada de inmoral. De ahí que Hollywood nos acostumbre a tener que oír una serie de estupideces primero antes de darnos la primera escena de sexo. Nadie a quien se le haya roto el corazón puede seguir actuando. Ésta es otra de las muestras de que decimos cosas que aunque salgan de nuestra boca provienen de libros de ficción, o sea de la palabra escrita, la gran ausente. Sin embargo, el mismo filósofo nos demuestra que esta hipótesis es falsa.

Derrida no cree que exista niguna diferencia real entre lo escrito y lo hablado, lo presente o lo ausente. No conocemos a nadie mejor porque nos exprese sus pensamientos directamente o porque lo haga por medio de una carta, un poema o un guión de cine. Para ilustrarlo, hagamos una visualización con los ojos cerrados pídale a alguien que se la lea: Una persona que nos atrae se nos acerca.

Nos mira a los ojos y nos pide, sin decir nada, que le revelemos una fantasía sexual, una historia que el pensamiento judeocristiano nos ha hecho sentir como vergonzosa y que a nadie se la hemos contado.

Nos resistimos a hacerlo pero nos fijamos bien en esta persona y pensamos que sería ideal para realizarla. Nos gusta, se nos parece al modelo que hemos perseguido desde niños, nos revuelve las hormonas.

Tratamos de huir y empezamos a caminar. El cuerpo no quiere partir. La persona nos sigue con paciencia y nos vuelve a mirar a los ojos. Sí, estamos decididos a revelarla. Mas no se puede hacer con palabras.

En unos minutos, empezamos a realizarla. Las ligas son instrumentos de hule para unir cosas, no personas. Sin embargo, no debemos concluir que porque no se utiliza la palabra, no existe el lenguaje. El parque entonces, no es solo un centro de actividad homosexual, sino que también heterosexual. Julio, un trabajador del sexo que acude al parque nos hace un recorrido semanal de las parejas heterosexuales.

Armando, por ejemplo, es un joven universitario de 22 años, amigo de Julio, que estudia medicina. Se mira algo mayor para su edad y es bastante atractivo.

Celina, su novia es una estudiante de colegio de dieciséis años que vive en la Zona Este de la ciudad. El joven la espera a las seis y treinta minutos todos los lunes para acompañarla a tomar el bus. Se sientan en un poyo y se miran los ojos. Como todos los lunes, los novios se sientan en el poyo del costado sur. Empiezan a besarse apasionadamente. Observamos desde la distancia que él le mete la mano debajo de la enagua. Podríamos interpretar que él toca las partes íntimas pero no lo tenemos claro porque se preocupa de que la enagua tape lo que hace su mano.

Ella la toma y con delicadeza la saca. La mano en la enagua podría significar que hoy él quiere tener relaciones sexuales. Julio nos enseña otra pareja dos poyos a la distancia. Se viene al parque y se encuentra con un funcionario del hospital. La mujer saca un pañito blanco de su cartera.

Cuando éste es sacado, el hombre se desabrocha la bragueta. Él le toca los senos y ella empieza a masturbarlo. Ni siquiera se dirigen la palabra. La mano en los senos significa que ella puede agarrar y sobar su pene. Cuando él termina, ella recoge su pañito blanco, lo dobla y lo vuelve a poner en la cartera. El semen en la cartera parece implicar que se acabó la relación sexual. Pareciera que sí porque unos minutos después otro hombre recoge a la mujer en un automóvil.

El funcionario se regresa al hospital sin mirarla. Tanto es así que el mismo Julio lo comprende. Estamos el miércoles con Julio exactamente cinco para las ocho. Uno o dos minutos después llegan al poyo una mujer de unos cuarenta años y un muchacho de apenas dieciocho. Cada uno viene por separado. Se sientan y apenas se saludan.

La mujer parece una oficinista o secretaria. Ella saca una cobija de cuadros de colores y se la pone a él en los regazos. El muchacho se mueve debajo de ella para quitarse, aparentemente, la faja y bajarse el pantalón. La mujer se arrodilla y se mete debajo de la cobija. Las parejas heterosexuales vienen a hacer lo mismo que las homosexuales. Éste es un lenguaje distinto del de los gays.

Aunque las parejas estén de cuerpo presente, no es así su lenguaje. Para comprenderlo, debemos hacer como Julio, aprenderlo como cualquier lengua extranjera.

Sin embargo, no encontraríamos un diccionario en la casa que nos explique el sentido de un paño en la cartera o una cobija de colores en los regazos. Existe un código no verbal para establecer el primer contacto. Cuando dos gays se topan en su recorrido, una señal para demostrar interés de tener relaciones sexuales, es tocarse individualmente los genitales por encima del pantalón. Éste es un gesto característico de los heterosexuales del país que lo hacen, generalmente, como definición de hombría.

En el caso de los gays, tiene una connotación distinta en estos sitios de ligue. El mensaje podría ser: Los novatos pronto aprenden la clave. Algunas personas con las que habló el etnógrafo, reconocieron que al principio, no sabían el significado del gesto.

Uno de ellos afirmó lo siguiente: Para mí es corriente ver eso a cualquier hora del día en los machones y no entendía que aquí la cosa es distinta.

Mis amigos, que son expertos en pescar aquí, me enseñaron que cuando alguien lo hace frente a uno, entonces uno tiene que hacer lo mismo.

Es la forma de contestar: Gerardo Otra señal para ligar es andar unas llaves en la mano que se hacen tintinear mientras se camina. Una vez establecido el contacto visual con la persona que interesa y después de las preguntas de rutina: Se pone atención en el acento, la manera de hablar el español, el nerviosismo, la carga de enojo en las respuestas.

Los conductores recorren en auto los alrededores del parque a baja velocidad. Alguien que se arriesgue y va y se monta y hace el ligue. Hay otros que se estacionan al costado oeste y esperan que alguien pase o que alguien llegue y les hable. El automóvil parqueado en un parque significa que se tiene una habitación privada. La manera de ligarse en el callejón es ligeramente distinta.

El orinal es otro sitio que se torna muy directo para el contacto sexual por la estrechez del local que hace que los hombres estén en un espacio muy reducido y realizando una necesidad fisiológica que los incita a tocarse. La gente que asiste al orinal no habla entre sí.

Si no lo hace, que sí. Como existe la posibilidad de que llegue un heterosexual o la policía, el juego es la rapidez. Otros, estacionan el auto, van al orinal, contactan a alguno que les interese, vuelven los dos y se marchan en el auto.

Muchas personas acuden a los tres lugares. Aunque las reglas de ligue en el cine no varían significativamente, el que existan distintas zonas de acción, hace que cada una funcione distinto. La disponibilidad se expresa con el pene afuera.

Sin embargo, el lenguaje inicial es no verbal. Si uno tiene interés en un hombre, se le sienta a la par y lo mira fijamente. Si la persona asiente, se queda en la silla. Así lo narra uno de los clientes asiduos: La gente entra y sale, baja las escaleras y deambula por todos los sectores.

No se puede ver la película tranquilo. Si alguien llegara ahí a sentarse, que no sea de ambiente a ver una película, no podría verla porque la pasadera de la gente es tal que no se puede ver nada. Sentarse a la par de un tipo y mirarlo significa interés.

Si uno no quiere tener relaciones con la persona que se sentó a la par, se cambia de lugar. Existen muchas formas de ligar. Un hombre mayor sentado a la par de uno joven significa que la relación es pagada. Si el cliente se levanta y espera que el muchacho haga lo mismo admite estar de acuerdo. Si le parece muy caro, se queda sentado y vuelve a ver la película. Aquí nuevamente la comunicación verbal es mínima.

Sin embargo, no todos son bienvenidos. La forma de asentir es quitarse la toalla. Otra forma de ligue es ingresar en una de las habitaciones y dejar la puerta entreabierta para esperar a alguien y anunciar así la disponibilidad. La primera vez que llegué al parque no sabía qué significaban todas estas claves. Sigo caminando y otro hace exactamente lo mismo. Alberto, un muchacho de 23 años de edad tuvo un error similar en el sauna. Siempre he querido ayudar a mis compañeros. Como era el mayor de mis hermanos, a mí me tocaba abrigarlos cuando dormían y asegurarme que no tuvieran frío.

Por el peligro de un asalto, la riqueza no puede hacerse visible y la ropa es incapaz de determinarla. De ahí que los criterios tradicionales en que los gays latinos se relacionaban históricamente, dejaron de funcionar. Pero éstos son una minoría. Por otro lado, la misma pornografía no solo sirve como lenguaje sino como maestra. De tanto ver estas películas, la gente va asimilando sus valores. Pronto lo que antes se consideraba sexo asqueroso, como el oral, pasa a convertirse en la técnica preferida.

Hace quince años, se consideraba vulgar o ridículo mostrar los genitales como forma de atraer compañeros sexuales. Solo en los orinales se abría la bragueta y se exponía.

En el parque, los hombres caminan con el pene erecto. Pues porque el tamaño determina la función. Aquí es la ley de la selva. Otro criterio es la belleza física. Aunque estas reglas no son universales y suelen ser irrespetadas, permiten que en cuestión de segundos las personas se pongan de acuerdo.

Cuando éstas no son seguidas es cuando se presentan los problemas, las discusiones y las negociaciones que atrasan la relación sexual. Cuando no sabemos el significado de una palabra y lo buscamos en el diccionario, éste nos da otra palabra de referencia. De ahí que cada una de ellas, cuando se expresa, esté habitada de los fantasmas de todas las palabras a las que se parece y de las que se diferencia.

En cada uno de ellos se encuentra un gran ausente: El lenguaje de la pornografía no es la excepción: Todas aquellas cosas en que el país no tiene ventaja competitiva por su pequeño mercado interno, como hacer refrigeradoras, por ejemplo, deben ser abandonadas para especializarse en aquellas en que sí la tiene, como sembrar chayotes o el turismo sexual, para dar dos ejemplos. Si no, no harían bien en el mercado.

De ahí que no solo se aprendió a chupar penes, sino también a establecer un precio para cada uno de ellos. En el mercado de la carne, el tamaño sí importa. Sus dotes físicas le deparan el respeto, la admiración y la demanda de la clientela del parque, del cine o del orinal.

Aunque no sienta atracción sexual por los hombres, no puede dejar de sentir satisfacción por su popularidad y su alta cotización. El joven siente que tiene su valor, que el mundo se vuelca por un instante y le da un sorbo de lo que podrían ser las cosas si tuviera dinero.

Todos quieren estar con él, desde el político que ha dejado el auto en un parqueo y se ha quitado toda marca de distinción, hasta el burócrata del gobierno que durante el día se la ha pasado planeando redadas en contra de los indocumentados.

Sin embargo, el sueño , igual al de Blanca Nieves, tiene su fin. Lo verdaderamente revolucionario es que le demuestra a algunas de sus víctimas que el mundo se podría ordenar de otra manera. Es generalmente de homosexuales abiertos que se conocen entre sí. Existen otros grupos que no tienen relación social con la gente de los parques, cines u orinales.

Por ejemplo, en el día, es muy usual ver a jóvenes estudiantes universitarios o colegiales, estudiando en grupos o individualmente. En los cines, llega todo tipo de clientes y muchos no son homosexuales. Lo mismo sucede en orinales, campus universitarios y centros recreativos. Otro grupo de hombres que llegan es el de los hombres bisexuales, o de homosexuales muy escondidos, que no pueden darse el lujo de ser vistos en bares de homosexuales.

Un sector importante de asiduos es el de los maleantes y el de los trabajadores del sexo, que en ciertos casos son los mismos y en otros, no. Los trabajadores del sexo acuden a hacer sus ligues y participan por dinero en actos sexuales. Los delincuentes, por el contrario, tienen como fin robar a los clientes. Éstos vienen a reprimir tanto la sexualidad como el comercio sexual y el crimen. El hecho de que miles de ellos acudan a las decenas de bares gays en San José, hace posible entrevistarlos en el formato de encuesta.

De ahí que es un grupo crucial para entender las razones, motivaciones y expectativas de uno de los actores. Este modelo tiene dos componentes: Ésto significa que comparten la creencia, primero, que la gente se divide de acuerdo con el objeto del deseo: En otras palabras, se busca estimular y satisfacer todos los sentidos y todos los órganos.

Cuando les preguntamos por su asistencia, encontramos que el Los que asisten a estos lugares son jóvenes que buscan nuevas experiencias. Tampoco son gente inculta o sin educación. La mayoría, por el contrario, tiene estudios universitarios. En un país subdesarrollado, solo una fracción de la población puede acudir a un centro de educación superior. Su motivación, pues, para acudir a estos lugares no tiene nada que ver con el dinero, como sucede con los otros grupos de este estudio.

Los usuarios no son homosexuales escondidos. En el Cuadro 4, podemos leer que son bastante abiertos con respecto a su orientación.

Si tomamos en cuenta el conocimiento que tienen los jefes, madres y padres, notamos una diferencia entre los dos grupos. Ésto pone en duda el mito de que son solo los gays del closet los que acuden a estos lugares. Finalmente, los usuarios no son un grupo de hombres solos. Con respecto a las parejas fijas y ocasionales de los usuarios Cuadro 6 , se encuentra lo esperado: Sin embargo, carecer de pareja fija no parece ser una razón de peso para acudir, ya que tanto los que van como los que no, tienen porcentajes similares: Los que asisten tienen mejor comunicación sexual que los que no Cuadro 7.

Las diferencias entre los usuarios y los no usuarios se evidencian en lo que al sexo oral se refiere. Tener relaciones con personas nuevas es un atractivo para los clientes de estos lugares. Ésto es muy claro de entender. La vida gay, de todas maneras, conlleva una serie de peligros en Costa Rica, y no es de sorprenderse que muchas personas que se iniciaron en estos lugares hayan desarrollado un gusto por este tipo de ligue.

Kenneth así lo dijo: Es como un vicio que no puedo dejar. Cuando pasan unos días sin venir aquí, me siento como ahogado. Vengo a escondidas de mi amante, pero me han contado mis amigos -que él no conoce- que lo han visto por aquí pescando. Puede ser que ande buscando ser asesinado. A mi me encantó esa película y me identifiqué con la protagonista.

Juan, conductor de vehículos, admite: Yo hago ésto frecuentemente. Es ya como un vicio porque tengo amante y nos llevamos muy bien. El problema es que nos vemos solo los fines de semana porque él vive fuera de San José. Entre semana me entretengo con ésto. Debo decirte que es muy peligroso. Por aquí hay mucho maleante Llegan muchos tipos con carro, lo estacionan y se meten ahí. Es muy peligroso el sitio. Es muy excitante estar ahí. Algunos gays que son clientes asiduos del cine, desde hace muchos años, dicen también que les gusta porque el peligro les resulta morbosamente atractivo.

Una vez estaba conversando con un amigo que frecuenta ese lugar y me decía que para él, es como ir a un safari, un sitio de escape. Me contó anécdotas del cine que me dejaron con el pelo parado, casi no le creo lo que dijo pero podría ser verdad Estas respuestas se pueden corroborar con los datos del Cuadro 9. Ésto hace que muchos gays se exciten con la idea. No sé por qué lo hago. No entiendo lo que pasa.

En mi casa tengo una vida sexual plena. Hago el amor con mucha frecuencia. Gerardo Otro atractivo es el de socializar. La verdad es que no sé por qué vengo a un lugar como éste. Tal vez es la soledad que a ratos se vuelve demasiado pesada Me duele que la gente gay viva sumergida en un mundo ficticio Te miden por la marca del pantalón o la camisa.

Al pedirle a ambos grupos que evaluaran los lugares de acuerdo con su erotismo Cuadro 10 , encontramos que los lugares preferidos para ambos son: Los menos eróticos son la casa, el departamento, el campo, el motel y el vehículo, en el mismo orden. En general, las actividades sexuales preferidas son la masturbación y el sexo oral.

En los lugares como parques, orinales o callejones, el peligro a ser descubierto o expuesto es tan grande, que desincentiva el sexo anal. Un factor por tomar en cuenta, antes de llegar a estimar grados de riesgo por lugar, es el que se refiere a las clientelas. Otro factor que podría diferenciar la actividad sexual de un lugar al otro es la actitud de la administración hacia el sexo inseguro. Pero el sexo oral —nos dice Guillermo, un cliente.

En ocasiones, la penetración anal es practicada: Ayer me tocó ver algo que me dejó pasmado. En la banqueta cercana a donde yo estaba, había un tipo sentado y con el pene afuera. Banks miró el reloj. Su compañera hizo lo que pudo.

No tenía ninguna posibilidad. Como le acabo de decir. Apenas si hay hipostasis. Dígale que no se culpe. Se utiliza como disolvente. Varios agentes uniformados discutían con los tenderos. No estaba cerrado con llave. Lentamente abrió la pesada puerta de madera que daba a una pequeña habitación. La calle había sido cortada del todo.

Varios hombres con monos blancos. Maggie sintió la necesidad de salir a dar un paseo. Los detectives se habían limitado a hacerle preguntas rutinarias. Había demasiado jaleo al otro lado de la calle. Las noticias de la radio tampoco aclaraban demasiado. Como era de esperar. Al igual que Maggie. Le pidió a Blackstone que trajera una linterna y mientras esperaba intentó vislumbrar cuanto podía con la poca luz que entraba desde el sótano.

Buscó con la mano el interruptor de la luz pero no lo encontró. Banks se aproximó y tanteó el pomo.. A unos diez metros de allí. Los comerciantes querrían abrir.. En ese momento se sentía inquieta y necesitaba despejarse.

No he tenido tiempo de mirar. Con esa pala y ese cubo parece que se vaya a la playa. Pero no por los patos. Dar de comer a los patos debía de ser terapéutico. Sabían que algo trascendental había ocurrido allí mismo.

En parte por su tendencia y en parte por timidez. No daba para mucho. Un velo de angustia había caído sobre la comunidad. Al final de la calle.

Había salido el sol. Al menos podía sentarse en un banco. Maggie no tenía amigos en su nueva vida. Los robos eran el pan de cada día. Su edificio de apartamentos había quedado aplastado. Maggie presentía que a partir de aquel momento la vida en el barrio nunca volvería a ser la misma. Ya se habían cruzado alguna vez en la calle y en las tiendas del barrio y se habían saludado.

Mientras Maggie desmenuzaba el pan duro y lo dejaba caer en el agua. Lucy le contó que ese día libraba y que había salido a hacer unas compras. Allí se había tropezado con Lucy. La zona comenzaba a parecerse al escenario de un desastre natural. Maggie le sugirió que fueran a tomar una taza de té o café en la terraza de la. Tal vez fuera porque ambas se encontraban fuera de su entorno natural.

También daban tirones a plena luz del día. Pero los autobuses de dos pisos bajaban por la avenida principal. Aparte de Claire Toth. Casi como entrar en trance. Si les lanzaban trozos de pan.

Torció a la izquierda y se alejó calle abajo por The Hill. Pronto descubrió en Lucy Payne a un alma gemela. Las radios no dejaban de sonar. Bill y ella habían estado allí de vacaciones antes de casarse. Después se había pasado por Borders on Briggate a comprar unos libros. Todavía seguía maldiciéndose por haber comenzado a fumar a los treinta. El sobrio vestido amarillo que llevaba aquel día bajo una chaqueta fina no sólo le marcaba sutilmente la figura.

Lucy se manchó de espuma los labios y se limpió con la servilleta. Yo nunca he salido del Lake District. Eso es lo que siempre me dice Terry —hablaba en susurros. Dejaron los paquetes en el suelo y se sentaron. Sobre todo porque a Maggie.

Tenía los ojos negros. No llevaba mucho maquillaje ni tampoco le hacía ninguna falta. Perdona si me estoy entrometiendo. Había oído hablar de cómo era imposible que el habitante medio de Leeds entrara a una tienda de categoría como Harvey Nichols.

Maggie ya se había percatado antes de esa particularidad de los habitantes del norte de Inglaterra. Lucy le parecía una mujer asombrosamente atractiva y elegante. Lucy le confesó que nunca lo había probado. Cuando llegó el camarero. Leeds no es ni lo uno ni lo otro. Lucy no pudo evitar leer los nombres impresos en las bolsas de Maggie — incluido el de Harvey Nichols— y dijo algo así como que nunca había reunido el valor necesario para entrar en un sitio tan elegante.

Maggie frunció el ceño y rebuscó en el bolso en busca de un cigarrillo. Insultar al marido de su amiga en el primer encuentro hubiera sitio de mala educación. Maggie le preguntó a su vecina si le apetecía un capuchino. Maggie estuvo a punto de decirle que el tal Terry era un imbécil. Lucy inspiraba a Maggie una suerte de confianza emocional. Mi marido y yo nos separamos. Maggie no pudo evitar esbozar una leve sonrisa. Maggie luchó consigo misma unos instantes.. Puede que te parezca que me he escapado.

Mucha gente se separa sin necesidad de poner países de por medio. Con su torpeza y su encanto inocente. Volvió a dar un sorbo a su café.. Se imaginaba que hablaban como estaban haciendo en ese momento.. Le costaba admitir la verdad. La mirada de Lucy se nubló.

Quería ser su amiga. Con la punta de los dedos Lucy tocó el brazo de Maggie. A mí en la escuela el dibujo se me daba fatal.

Entonces sucedió algo extraño: Siempre podría dejarlo en el futuro. En mi oficio puedo trabajar donde sea. Pese a la falta de vínculos emocionales.

En la galería comercial sólo había compradores anónimos que deambulaban bajo el techo de vidrio de colores. Unos segundos antes había pensado que confesar su calvario a otra. Lucy frunció el ceño. Sintió que se le secaba la boca. Ahora estoy trabajando en una nueva edición de los Cuentos de los hermanos Grimm.

A no ser que. No quiero parecer entrometida. Incluso su psiquiatra le había dicho que. Tuve que llamar a la policía: Pero en ese momento ya no estaba tan segura. Lucy negó con la cabeza: El de los ilustradores es un círculo muy pequeño.

Pero todo eso ya lo había hecho antes. Lo han contratado por un año. Y no me preguntes cómo dejé que durara tanto tiempo porque yo tampoco me lo explico. Pareces tan inteligente y dueña de tu vida. Maggie dejó escapar una sonrisa. Un amigo me sugirió que me marchase un tiempo. Todavía intento averiguarlo con la ayuda de mi psiquiatra. Empezó a dar puñetazos contra la puerta y a insultarme. Maggie respiró hondo y prosiguió: Me rompió la mandíbula y dos costillas y me causó lesiones internas.

Su presión era sorprendentemente fuerte. Entonces me amenazó y se puso violento. Tan pronto como me dieron el alta quise quitarla. Ruth se fue con él. A Charles le ofrecieron un puesto en la Universidad de Columbia. Durante un par de semanas no tuve noticias de él.

Le había dado uno de sus arrebatos de arrepentimiento. He sido yo quien te ha preguntado. De pronto se sintió desprotegida Pero no creas que me has puesto en una situación incómoda. Durante mi estancia le puse una denuncia por maltrato.

Ha sido muy agradable hablar contigo. Me han llamado de madrugada un par de veces y luego han colgado. Terry tiene que disciplinarme. Por cierto —miró el reloj de pulsera y de pronto se puso muy nerviosa —..

Espero que podamos ser amigas. No es que la gente no sea amable. Sé muy bien a lo que te referías. No creo que sepa que estoy en Inglaterra. Le pareció que la galería comercial empezaba a dar vueltas.. No hace ni un año que nos casamos. Nunca sé qué decirle a la gente —se rió—. Maggie necesitaba cambiar de tema. Gracias por el café.

No creo que sepa dónde estoy. La casa estaba disponible. Estoy un poco distante. Supongo que siempre he sido tímida. Así que Maggie optó por hacer ella las preguntas a su vecina. Mis amigos juraron que no le dirían adonde había ido. Tampoco tengo mucha vida propia.

Sentía que le zumbaban los oídos. No le gusta que salga por mi cuenta.. Ahora le tocaba a Maggie coger a Lucy del brazo para que no se marchara tan abruptamente.? Pero Lucy no había querido. Maggie conocía exactamente la situación de Lucy y sabía que lo mejor que podía hacer era intentar persuadirla de buscar ayuda profesional.

La pobre Maggie no debe de estar del todo bien. Se lamentaba de que su matrimonio se hubiese ido a pique y de que su esposa le estuviera negando la posibilidad de reflotarlo. Te puede pasar a ti. La leche espumosa le sabía seca y fría en los labios. Maggie notó cómo los agentes le disculpaban. Ella había visto las expresiones de sus amigas y notado cómo las conversaciones se convertían en susurros cuando entraba en la habitación..

Incluso aquella vez que la policía acudió porque él estaba echando la puerta abajo a puñetazos. La histérica había pedido una orden de alejamiento contra él. Pero a diferencia del resto de la gente. Al pensar en Lucy. Lucy había sufrido tanto como ella. Maggie hubiera debido hacer algo después de los muchos encuentros furtivos para tomar café con pastas en los que Lucy le había confiado el historial de maltrato psicológico y físico al que su esposo la había sometido y que ella se había comprometido a guardar en secreto.

Y que dejara a Terry. Lucy le dirigió una sonrisa desganada y salió a toda velocidad hacia Vicar Lane. Repetía que no tenía a quién o adonde acudir. Y lo peor es que ella también había pensado lo mismo. Dios sabe que lo había intentado. Bill también era un hombre capaz. Maggie no daba crédito. La actitud poco razonable de su esposa le había sacado de quicio —les contó Bill—. Todos los días daba gracias al cielo por no haber tenido hijos con él.

Hay gente que te puede ayudar.. Debía de ser eso. Había películas de acción. Sin embargo la escuchó. También había algunos discos de rap. Pero no hubo manera. No estaba seguro de qué podría aportarle. Aunque la estancia estaba decorada con el mismo gusto femenino que el vestíbulo —cortinas de encaje con volantes.

No quería largarse al primer inconveniente. Lucy también había manifestado que su matrimonio era reciente y que debía darle una oportunidad. Decía que Terry era tan dulce con ella después. Una vez llegó a vomitar después de que Lucy se marchara a su casa. Antes de que pudiera alcanzar el mendrugo que flotaba a unos centímetros de su pico.

Aquellas eran las mismas malditas razones con que ella había justificado lo ocurrido ante los pocos amigos que conocían su situación desde el principio. Pero no sirvió de nada. Lucy necesitaba una amiga. La mayoría de las mujeres en su situación no tenían tanta suerte.

La maldición del diablo. Banks perdió algo de tiempo revolviendo. Terry no iba a cambiar. Maggie sabía que aquella era otra excusa típica. Y crónicas de crímenes. Así que a los Payne les gustaba los vídeos porno. También había algunos objetos. Banks fisgoneó en el ropero. Casi todos de ella.. En el cuarto flotaba un aroma de rosa almizcle y anís proveniente del cuenco que había encima del canasto de la ropa sucia.

También contempló la actividad abajo. La gama de colores parecía insistir en las tonalidades marítimas. También el dormitorio estaba repleto de chismes: La colección de libros también era variopinta: No le cabía duda de que Annie Cabbot.

Por lo que veo. Banks revisó los desagües. En el mueble encontró una colección de películas de porno suave. Se volvió y escudriñó de nuevo la habitación. La porcelana relucía y en el aire había un intenso olor a lavanda. La cama de matrimonio estaba cubierta por un mullido edredón de pluma de color negro. En la primera planta había dos dormitorios. El dormitorio daba a la calle. Banks pasó al dormitorio principal. La esquina la ocupaba un archivador de gran tamaño que tendría que ser vaciado para trasladar su contenido a la sala de pruebas instrumentales de Millgarth.

Había un segundo aparato de televisión a los pies de la cama encima de un mueble auxiliar. Probablemente un regalo de boda. Podrían haberla encargado entera. Los de la Policía Científica meterían todo aquello en bolsas y se lo llevarían para revisarlo a conciencia. La estancia dejaba entrever uno o dos detalles de dejadez —el periódico del día anterior en la mesa de centro. No tenía plato de ducha. Banks suspiró y bajó las escaleras. El típico lugar donde se supone que debía vivir una pareja joven y prometedora de clase media urbana.

Era bonita y moderna. Adrian y Gillian Matthews no eran ricos. Los Matthews estaban preocupados porque su hija no había regresado a casa tras la fiesta. Kelly era la campeona en cien metros lisos de su instituto. Kelly tenía dinero de sobra para coger un taxi. Alex Kirk y Jessica Bradley. Para el cargo de la investigación se hizo enseguida evidente que era muy poco probable que Kelly Mathews se hubiese escapado de casa.

El señor y la señora Matthews informaron a la policía de que. Acto seguido telefonearon a los padres de dos amigas. Tenía dos hermanas menores: Vivía en Alwoodley y estudiaba en el Instituto Allerton. Fue entonces cuando Adrian Matthews llamó a la policía. Eran propietarios de una casa estilo georgiano con jardín ubicada en las proximidades del embalse de Eccup.

Ellos habían vuelto de la suya poco antes de las tres de la madrugada. Su promedio de notas era envidiable. Tenía el cabello dorado y lo llevaba largo. Su hija nunca había hecho algo así. Seguramente conseguiría ser aceptada en la universidad de su elección. Kelly era una chica amable. Otros dijeron que quien la acompañaba era una mujer. Al despertarse y comprobar que Kelly no había dormido en su cama. El aviso llegó a la comisaría de la zona a las 9: Sabía que tarde o temprano las cosas llegarían a ese extremo o a otro muy parecido.

Banks ya había contado con la ayuda de la doctora Fuller para resolver su primer caso en Eastvale. Una semana después de la desaparición de Kelly. Ellos rendían cuentas directamente al jefe de la DIC. Los periodistas habían llegado.

No hizo caso de la gente que se había apiñado en la acera de enfrente a curiosear. Pero él lo pasaría encerrado en el lugar del crimen o en la jefatura de Millgarth. El centro de operaciones de la brigada conjunta también tenía su base en la jefatura de Millgarth. Dicha brigada estaba compuesta por fuerzas de los dos condados de Yorkshire. Banks salió a la calle. Banks veía cómo se peleaban por un sitio al otro lado de las barreras.

Banks y Blackstone tenían bajo su mando a varios inspectores. Tratar mejor a mis hermanitas. Practicar piano todos los días. Lo supo a partir del instante en que tuvo que asumir la dirección de los efectivos de Yorkshire Norte. Hartneil se encontraba en la jefatura de Millgarth. Jenny también había trabajado con Paul Britton en Leicester. El ayudante del jefe de policía de Yorkshire Oeste supervisaba las operaciones de la brigada conjunta Dirección de lo Criminal.

En total habían desaparecido cinco mujeres: Le habían ofrecido una plaza de inspectora en el Servicio de Expedientes Disciplinarios de la División Oeste. A Annie el trabajo también le ocupaba mucho tiempo. No era el tipo de mujer que hiciera silbar a los albañiles. Aquellos sentimientos que él creía olvidados. Banks la había alentado a hacerlo. Le recordó a su anterior ayudante en Cirencester.

El doctor dice que no podremos hablar con ella hasta mañana. Durante el curso de la investigación. Jenny tenía unos labios que sólo suelen verse en las bellas actrices francesas.

Banks se había topado con el poeta en una antología que estaba intentando leer para paliar la vergonzosa ignorancia que durante años había padecido en la materia. No era el puesto ideal.

Su figura se estrechaba y abultaba en todos los lugares apropiados. Las reflexiones del comisario se vieron interrumpidas por la agente Karen Hodgkins. Frases como la de Herrick se le quedaban a uno en la cabeza. Hodgkins se apeó y fue hacia él. Lucy Payne sigue sedada. Nunca habían pasado a mayores.

La suya era una belleza silenciosa y oculta que a Banks le resultaba muy atractiva. La belleza de Annie no era tan obvia como la de Jenny Fuller. Tanto que había empezado a pensar que sus dotes para las relaciones interpersonales estaban pasando por un momento especialmente bajo.

Banks ya pensaba en el juicio que se les avecinaba si Payne sobrevivía a pesar del daño cerebral. Banks no estaba acostumbrado a supervisar un equipo tan numeroso. Nunca había tenido que cargar con tanta responsabilidad. Le han encontrado trozos de hueso clavados en el cerebro. Se imaginó la escena: Karen Hodgkins volvió al coche. Hay que avisar a los padres de Kimberley antes de que se enteren por la televisión.

Pero dicen que aunque mejore hay bastantes posibilidades de que. Puede que el agente Jones fuera un desaliñado y un dejado.

Uno de los problemas de trabajar con efectivos de varias fuerzas. En la labor policial hace falta encontrar la persona idónea para cada trabajo. La cuida una amiga. Mandaría al gordinflón de Jones. Ha sufrido daños cerebrales graves. Mejor dejar que Hartnell se ocupara de ello. La sinceridad le salía por los poros.

A partir de ahora quiero que haga de enlace entre nosotros y el hospital. Banks no creía que Karen contara con el tacto necesario para actuar de enlace con una familia doliente. Forcejeando con un maletín y un bolso lleno hasta los topes. Hartnell tenía unos diez años menos que Banks. El despacho del comisario principal Philip Hartnell era. Banks acababa de encender su segundo cigarrillo de la mañana cuando otro coche atravesó la barrera. La pared la ocupaban un mapa de la ciudad y la ventana.

Alan —dijo Hartneil a Banks—. Se había beneficiado del Programa de Promoción Acelerada. Si no es molestia. Va a ser duro. También estaba inmensamente vacío. Su cabellera roja y despeinada se derramaba sobre sus hombros. Banks miró su reloj: Banks se alisó el pantalón.

Jenny se esforzó por sonreír. Yo conocía a Dennis Morrisey. Fue una cuestión de suerte que los Payne discutieran y que una vecina llamara a la policía. Banks y él se habían reunido regularmente durante la investigación del caso Camaleón.

Hartnell dio unos golpecitos sobre la carpeta. Todo depende del cristal con que se mire. Y como muchos otros que se las habían visto negras. Hacía años que estaba en el departamento. Un tipo serio y responsable. Hay un asesino en serie fuera de circulación. Llegaron los cafés y los dos hombres se tomaron un respiro para dar un sorbo. Lo extraño era que a Banks Phil Hartnell le caía bien.

Pero las cosas no funcionan así —Hartnell se volvió y se volvió a sentar—. El caso había acaparado las portadas de la prensa durante semanas. Lo que sí vio el jurado fue que el chaval recibió los disparos en el costado y parte de la espalda. Banks tragó saliva porque ya no importaba lo que él opinara.

El joven ladrón tenía un historial criminal de un metro de largo.

los anuncios de prostitutas en los parabrisas serán ilegales sexo anal prostitutas

Los anuncios de prostitutas en los parabrisas serán ilegales sexo anal prostitutas -

Por supuesto que hubiera podido quedarse en la Dirección de Investigaciones de lo Criminal con el rango de sargento. De vez en cuando, una pelota bateada invadía el terreno del otro campo, y los jugadores encajaban diligentemente esa interrupción antes de seguir con el suyo. A continuación, presentamos un resumen de los informes tal como los escribieron los etnógrafos y los testigos oculares: De esta manera, se invisibilizan las contradicciones y el mundo se mantiene polarizado entre los fuertes y los débiles. Su clientela dependía de que se brindara un buen servicio y una fama de asaltante, sacaba del mercado a cualquiera de ellos. Esta democratización del proyecto de investigación tiene sus problemas.

El dormitorio daba a la calle. Banks pasó al dormitorio principal. La esquina la ocupaba un archivador de gran tamaño que tendría que ser vaciado para trasladar su contenido a la sala de pruebas instrumentales de Millgarth.

Había un segundo aparato de televisión a los pies de la cama encima de un mueble auxiliar. Probablemente un regalo de boda. Podrían haberla encargado entera. Los de la Policía Científica meterían todo aquello en bolsas y se lo llevarían para revisarlo a conciencia.

La estancia dejaba entrever uno o dos detalles de dejadez —el periódico del día anterior en la mesa de centro. No tenía plato de ducha. Banks suspiró y bajó las escaleras. El típico lugar donde se supone que debía vivir una pareja joven y prometedora de clase media urbana. Era bonita y moderna. Adrian y Gillian Matthews no eran ricos. Los Matthews estaban preocupados porque su hija no había regresado a casa tras la fiesta.

Kelly era la campeona en cien metros lisos de su instituto. Kelly tenía dinero de sobra para coger un taxi. Alex Kirk y Jessica Bradley. Para el cargo de la investigación se hizo enseguida evidente que era muy poco probable que Kelly Mathews se hubiese escapado de casa. El señor y la señora Matthews informaron a la policía de que. Acto seguido telefonearon a los padres de dos amigas. Tenía dos hermanas menores: Vivía en Alwoodley y estudiaba en el Instituto Allerton.

Fue entonces cuando Adrian Matthews llamó a la policía. Eran propietarios de una casa estilo georgiano con jardín ubicada en las proximidades del embalse de Eccup. Ellos habían vuelto de la suya poco antes de las tres de la madrugada.

Su promedio de notas era envidiable. Tenía el cabello dorado y lo llevaba largo. Su hija nunca había hecho algo así. Seguramente conseguiría ser aceptada en la universidad de su elección. Kelly era una chica amable. Otros dijeron que quien la acompañaba era una mujer. Al despertarse y comprobar que Kelly no había dormido en su cama. El aviso llegó a la comisaría de la zona a las 9: Sabía que tarde o temprano las cosas llegarían a ese extremo o a otro muy parecido.

Banks ya había contado con la ayuda de la doctora Fuller para resolver su primer caso en Eastvale. Una semana después de la desaparición de Kelly. Ellos rendían cuentas directamente al jefe de la DIC. Los periodistas habían llegado. No hizo caso de la gente que se había apiñado en la acera de enfrente a curiosear. Pero él lo pasaría encerrado en el lugar del crimen o en la jefatura de Millgarth. El centro de operaciones de la brigada conjunta también tenía su base en la jefatura de Millgarth.

Dicha brigada estaba compuesta por fuerzas de los dos condados de Yorkshire. Banks salió a la calle. Banks veía cómo se peleaban por un sitio al otro lado de las barreras. Banks y Blackstone tenían bajo su mando a varios inspectores. Tratar mejor a mis hermanitas. Practicar piano todos los días. Lo supo a partir del instante en que tuvo que asumir la dirección de los efectivos de Yorkshire Norte. Hartneil se encontraba en la jefatura de Millgarth.

Jenny también había trabajado con Paul Britton en Leicester. El ayudante del jefe de policía de Yorkshire Oeste supervisaba las operaciones de la brigada conjunta Dirección de lo Criminal.

En total habían desaparecido cinco mujeres: Le habían ofrecido una plaza de inspectora en el Servicio de Expedientes Disciplinarios de la División Oeste.

A Annie el trabajo también le ocupaba mucho tiempo. No era el tipo de mujer que hiciera silbar a los albañiles. Aquellos sentimientos que él creía olvidados. Banks la había alentado a hacerlo. Le recordó a su anterior ayudante en Cirencester. El doctor dice que no podremos hablar con ella hasta mañana. Durante el curso de la investigación. Jenny tenía unos labios que sólo suelen verse en las bellas actrices francesas.

Banks se había topado con el poeta en una antología que estaba intentando leer para paliar la vergonzosa ignorancia que durante años había padecido en la materia. No era el puesto ideal. Su figura se estrechaba y abultaba en todos los lugares apropiados. Las reflexiones del comisario se vieron interrumpidas por la agente Karen Hodgkins. Frases como la de Herrick se le quedaban a uno en la cabeza.

Hodgkins se apeó y fue hacia él. Lucy Payne sigue sedada. Nunca habían pasado a mayores. La suya era una belleza silenciosa y oculta que a Banks le resultaba muy atractiva.

La belleza de Annie no era tan obvia como la de Jenny Fuller. Tanto que había empezado a pensar que sus dotes para las relaciones interpersonales estaban pasando por un momento especialmente bajo. Banks ya pensaba en el juicio que se les avecinaba si Payne sobrevivía a pesar del daño cerebral.

Banks no estaba acostumbrado a supervisar un equipo tan numeroso. Nunca había tenido que cargar con tanta responsabilidad. Le han encontrado trozos de hueso clavados en el cerebro. Se imaginó la escena: Karen Hodgkins volvió al coche. Hay que avisar a los padres de Kimberley antes de que se enteren por la televisión.

Pero dicen que aunque mejore hay bastantes posibilidades de que. Puede que el agente Jones fuera un desaliñado y un dejado. Uno de los problemas de trabajar con efectivos de varias fuerzas. En la labor policial hace falta encontrar la persona idónea para cada trabajo. La cuida una amiga. Mandaría al gordinflón de Jones.

Ha sufrido daños cerebrales graves. Mejor dejar que Hartnell se ocupara de ello. La sinceridad le salía por los poros. A partir de ahora quiero que haga de enlace entre nosotros y el hospital. Banks no creía que Karen contara con el tacto necesario para actuar de enlace con una familia doliente.

Forcejeando con un maletín y un bolso lleno hasta los topes. Hartnell tenía unos diez años menos que Banks.

El despacho del comisario principal Philip Hartnell era. Banks acababa de encender su segundo cigarrillo de la mañana cuando otro coche atravesó la barrera.

La pared la ocupaban un mapa de la ciudad y la ventana. Alan —dijo Hartneil a Banks—. Se había beneficiado del Programa de Promoción Acelerada. Si no es molestia. Va a ser duro. También estaba inmensamente vacío. Su cabellera roja y despeinada se derramaba sobre sus hombros. Banks miró su reloj: Banks se alisó el pantalón.

Jenny se esforzó por sonreír. Yo conocía a Dennis Morrisey. Fue una cuestión de suerte que los Payne discutieran y que una vecina llamara a la policía. Banks y él se habían reunido regularmente durante la investigación del caso Camaleón. Hartnell dio unos golpecitos sobre la carpeta. Todo depende del cristal con que se mire. Y como muchos otros que se las habían visto negras.

Hacía años que estaba en el departamento. Un tipo serio y responsable. Hay un asesino en serie fuera de circulación. Llegaron los cafés y los dos hombres se tomaron un respiro para dar un sorbo.

Lo extraño era que a Banks Phil Hartnell le caía bien. Pero las cosas no funcionan así —Hartnell se volvió y se volvió a sentar—. El caso había acaparado las portadas de la prensa durante semanas. Lo que sí vio el jurado fue que el chaval recibió los disparos en el costado y parte de la espalda.

Banks tragó saliva porque ya no importaba lo que él opinara. El joven ladrón tenía un historial criminal de un metro de largo. Y todo esto precisamente ahora. Banks había tenido que lidiar en muchas ocasiones con la indignación de hombres y mujeres acusados de agresión. Si el asunto finalmente iba a parar al servicio de Expedientes Disciplinarios de la División Oeste. Sin darse la vuelta prosiguió: Y tengo que tomar una decisión muy pronto. Dennis era uno de los nuestros. No importa que el homicidio esté justificado.

En cuestión de días se esperaba el veredicto del jurado. Como todos los policías. Hartnell se puso de pie y se quedó mirando por la ventana durante unos segundos. Banks sabía por casualidad que su jefe.

Desde luego que me gustaría que esto lo resolviéramos nosotros. Jenny se sintió una voyeur.. Hablemos con Ron a ver qué nos dice. Así que éste era su ambiente de trabajo: No me diga que no conoce a nadie allí.

Uno de los enfermeros la encendió para poder ver lo que estaban haciendo y la dejó así. Algunas de las velas se habían extinguido. También se sintió una farsante. Las luces de las velas amortiguaban el impacto de la visión del cuerpo de la joven. El corazón de Jenny volvió a latir con normalidad. Estuvo a punto de coger a Stefan de la mano. Nowak apagó la luz del techo.

Otorgaban a la piel de la muerta un tono entre rojizo y dorado que. Jenny apenas podía distinguir el cuerpo del policía muerto en el suelo. Con la luz del techo apagada. Jenny Fuller cruzó el umbral del sótano seguida del sargento Stefan Nowak.

No había nadie en casa. Ella y Stefan se encontraban solos en el sótano. Al ver el póster obsceno hizo una mueca de desagrado. Que es lo que era: Le encanta verse a sí mismo trabajar. A solas con los muertos. Aquél era su repertorio de muertes. Jenny rozó el brazo de Stefan.

Me sorprendería mucho que no guardara constancia de sus actividades. Stefan asintió y se volvió para subir las escaleras. Jenny maldijo el hecho de que el sargento Nowak hubiese intuido exactamente lo que le estaba pasando por la cabeza.

Stefan no paraba de moverse. De pronto a Jenny le entraron ganas de irse. Y si él las vio fue lo bastante caballero para no mencionarlo. A la luz de la linterna de Stefan.

Me sobra tu sexto sentido. No era sólo la muchacha tendida en el colchón. Regresaron a la sala de los espejos. Banks la llamaba desde el móvil. Era la combinación de todos aquellos elementos en medio de aquel horror. Se las enjugó con la mano disimuladamente. Mientras Jenny estudiaba las heridas infligidas a Kimberley. Jenny siguió el curso de la cinta fosforescente que. Intentando disimular el temblor de sus manos. A este tipo le gusta verse en acción.

Una obscenidad ejercida por un hombre sobre una mujer. Otro equipo seguía poniendo la casa patas arriba en busca de pruebas y embalando papeles. Banks no confiaba en tener un éxito arrollador. Es un asunto muy serio. Si no demuestro nada. Todo eso llevaría tiempo. Se trata de un chiste perverso. Si demuestro que es culpable. Pensé que yo te importaba. Se los llevaban todos: Había decidido que lo mejor sería vendérselo como algo positivo.

Haría falta comprobar los odontogramas o contrastar el ADN con el de los padres. Y entonces llegó la explosión. No tiene ninguna gracia. Conoce al ayudante del jefe de policía McLaughlin. Antes de que las cosas lleguen a ese extremo. No puedo creer que me hayas hecho esto. Se le ocurrió a Hartnell. Hartnell sabe de sobra que nunca voy a salir bien parada de este embrollo. Estoy durmiendo tan mal que podría llevarme toda la noche. Al menos hazme el favor de no hacerme la pelota.

Banks se quedó con el móvil pegado a la oreja durante unos instantes y después lo guardó en el bolsillo. Lo tuyo son las relaciones interpersonales. Recuerda que tengo que despertarme a primera hora para marcharme a Leeds. Necesito mi reposo reparador. Hoy tengo que ir a Gratly otra vez. Contenía una antología poética con el título de Sangre nueva—. Llamaron a los padres y a los amigos cercanos de Samantha.

Penelope consiguió que el casero le abriera la puerta del apartamento. Ninguno de ellos la había visto ni estaba al tanto de cambios en los planes o costumbres de la joven. Sus padres vivían en Leighton Buzzard donde Julian trabajaba de contable y Teresa ejercía de médico de familia.

Cuando ese fin de semana no se presentó en su puesto de trabajo en la céntrica librería Waterstone's. Preocupada por que su compañera pudiera estar enferma. Durante un breve tiempo. La descripción coincidía en que la chica tenía el cabello largo y rubio y una ropa similar a la que llevaba Samantha cuando dejó el local: Samantha acudió a un recital de poesía en un pub cercano al recinto de la universidad.

Seguramente la policía de Bradford no se habría tomado en serio la desaparición de Samantha Foster de no ser porque un estudiante juicioso había encontrado el bolso de la joven tirado en la calle la noche anterior y lo había entregado a las autoridades.

La noche del veintiséis de febrero. Las pesquisas entre los estudiantes de la universidad dieron con una posible testigo que creía haber visto a Samantha hablando con un hombre a través de la ventanilla de un coche.

Vivía cerca de Great Horton Road. Dados los dos sucesos. El personal del hotel aseguró a la policía que Stringer no se despertó hasta la hora del té del día siguiente. Regresó a casa hacia las once y cuarto. Pero aquella vez ni siquiera contestó a su llamada. Samantha era una persona responsable. No hubo resultados positivos. Pero uno de ellos. El vehículo en cuestión era oscuro. WT era la matrícula de Leeds. Eran cerca de las dos de la tarde y ninguno de los.

Puede que en algunos aspectos Samantha diera la impresión de ser poco convencional. Dijo que no había ninguna razón para creer que ocurría algo extraño.

En aquel momento no tenía novio y tampoco parecía interesada en buscar uno. Samantha no conocía a mucha gente. Samantha era una chica seria. Era lógico que dos desapariciones ocurridas en el lapso de dos meses y en un radio de veinticinco kilómetros dispararan las alarmas. Banks y Blackstone partieron en coche hacia el pueblo de Tong. Tenían la intención de visitar The Greyhound. Alguien que no perdía el tiempo en charlas vacías.

Ryan Conner y Abha Gupta. Insistieron en que tenía una cabeza muy bien amueblada y que. Pero ella le había dejado y estaba a punto de casarse con Sean. Cada vez que eso ocurría. Banks encendió un cigarrillo y le contó a Blackstone que el comisario principal Hartnell iba a pasarle a la Yorkshire Norte la investigación del caso de la agente Taylor. El equipo local estaba practicando. Aquellas eran horas silenciosas y solitarias.

Banks se levantaba de la cama. Annie es muy escurridiza. No es que Banks hubiera comido mucho los dos días anteriores. Una vez en el pub. Tracy cursaba segundo de carrera en la Universidad de Leeds.

Los equipos de peritos pasarían semanas en el escenario del crimen. Llegó la comida y los dos hombres la atacaron a un tiempo. Alguien hizo chasquear el bate con fuerza mandando lejos la bola. Banks aplastó su cigarrillo. Blackstone hizo un gesto con la cabeza. Cuando se acabaron las violaciones empezaron a desaparecer chicas. Después de un par de bocados. Y si mantenía la puerta del sótano bajo llave y atrancada.

El guiso era abundante y estaba ligeramente especiado. El sitio estaba bien insonorizado. El Violador de Seacroft era secretor. Y todo lo que recolectaran. Sacudían la pilila a los compañeros de instituto. No te olvides de que. Aunque no haya sido su cómplice. Pero ya has visto la distribución de la casa. Llevarían detectores de metales. Si Payne las hacía entrar por la puerta del garaje.

Blackstone hizo una pausa. Contempló durante un rato el cielo azul.. Tal y como se temía. Había estado preocupada por Claire. Maggie fue incapaz de volver a concentrarse en el trabajo y pasó el resto del día observando la actividad policial por la ventana de su dormitorio o escuchando las noticias de la radio local. Maggie no había vuelto a verla desde la desaparición de Kimberley.

Claire Toth vivía a dos casas de distancia y solía visitar a Maggie de regreso del instituto. Claire era una buena chica y un soplo de aire fresco. A Maggie no le incomodaba tenerla en su casa. Sólo añadió que el caso seguía abierto. El caso es que el agente cree que no le ha contado todo lo concerniente a su relación con Lucy Payne. Maggie intuía que la insistencia de Ruth y Charles en que Claire la visitara era un subterfugio para tener vigilada a la joven.

Sabía que asistía al mismo instituto que Kimberley Myers. Ella y Kimberley tenían aproximadamente la misma edad y seguramente se conocían. Subrayó que la investigación estaba lejos de haberse acabado y pidió a cualquiera que hubiese visto a Kimberly el viernes después de las once de la noche que se presentara a declarar. No dijeron nada de interés hasta que el comisario principal Hartnell. Maggie sintió un gran alivio. Admitió que conocía a los Payne. Claire le había dado la bienvenida al barrio.

La joven hundió la cabeza en el hombro de Maggie y sollozó. Claire rompió a llorar y Maggie se sintió incómoda. Cuando pienso en lo que estaría imaginando mientras nos explicaba el aparato reproductor. La mataron por mi culpa. Si sólo hubiera pegado a su mujer no habría tanta policía ahí enfrente.

Lo pudo haber hecho otra persona. Todo lo que sabemos es que el señor y la señora Payne discutieron y que él le pegó. A Maggie no dejaba de asombrarle la aceptación despreocupada del maltrato a las mujeres. Maggie vio un par de granos que le asomaban en el mentón. Debía estar con ella aquel viernes.. O comía muchas chucherías o era uno de esos días del mes. Si sólo hubiera pegado a su mujer. Lucía su uniforme del instituto: Cuando Claire se cobijó de nuevo en el pecho de Maggie alguien llamó a la puerta.

Fue él quien mató a todas esas chicas. No suelo comportarme como un bebé. Erais amiga de Kim. Pero así y todo. Los labios de Claire temblaron. Por supuesto que hubiera podido quedarse en la Dirección de Investigaciones de lo Criminal con el rango de sargento.

Y mató a Kim. Era cierto que Claire no había querido quitarle importancia.. Merecía la pena aguantar hasta que apareciera una vacante en la DIC y. Estaba claro que el caso Camaleón no les dejaba verse tan a menudo como hubieran deseado. Habían tirado abajo algunos tabiques y redecorado el interior. Pero no era eso lo que tanto la molestaba.

Ella llamó a la puerta y esperó a que Chambers contestara antes de entrar. La División Oeste se había ampliado hacia el edificio contiguo a la jefatura. No sabía qué era exactamente lo que le pasaba. Otra de las camareras del horno. Al otro lado del cubículo se encontraban los dos sargentos y los tres agentes que. Así le gustaban las cosas al comisario. La División Oeste todavía atravesaba una fase de reorganización que afectaría a los distintos niveles de responsabilidad dentro de la plantilla.

Annie tenía la impresión de que en cualquier momento comenzaría a babear y relamerse. Annie no estaba segura de si lo que decoraba su corbata era un estampado o manchas de comida. La parte positiva del nuevo nombramiento era el despacho.

Annie no tenía un despacho propio como el del comisario Chambers. Era un hombre grande. Probablemente no fuera justo culpar a Banks.

La de Chambers era esa clase de cara que parece tener una indeleble expresión de desprecio. Resultó que el agente había estado viéndose con una de las camareras. Su tez era como un filete de carne de buey. Al menos de aquella forma ganaría experiencia como inspectora. El comisario Chambers la requería en el despacho de al lado. Cuando estaban juntos se comportaban como una pareja de viejecitos. Pero su día llegaría. Chambers estaba sentado al otro lado de un escritorio caótico.

El problema es que el tipo de los. Annie se sentó tan cómodamente como pudo. Annie jugaba con ventaja. Chambers era tan arrogante y engreído que parecía estar pidiendo a gritos que le fastidiaran. Si hubiera sabido que Chambers iba a llamarla a su despacho. Chambers hablaba con el acento de los condados circundantes a Londres. Ricky abrió un cajón del escritorio y sacó el que guardaba allí. Lo puso en el borde del escritorio. La joven apagó el cigarrillo de inmediato.

Sólo un ligero olor acre a humo para recordarnos esa época. Fue un sonido discordante, fuera de lugar, como una risotada en una iglesia o un clavicémbalo en un aeropuerto. Cuando su risa se desvaneció, dirigió una mirada penetrante a Ricky. Todo lo de esta visita, Ricky. De modo que tienes que estar alerta todo el rato. Así que debes estar siempre preparado y receptivo.

Aunque resulta evidente que lo es. De nuevo, él permaneció callado unos segundos, contemplando a la joven con la intención de desconcertarla.

Por fin, habló en voz baja. Parece saber mucho sobre mí y, como mínimo, un poco de lo que pasa aquí, en esta consulta, y yo ni siquiera conozco su nombre. Me gustaría saber a qué se refiere cuando dice que el señor Zimmerman ha terminado su tratamiento, porque el señor Zimmerman no me ha dicho nada.

Quiero que conteste a estas preguntas de inmediato. Si no, llamaré a la policía. La joven volvió a sonreír. Él alargó la mano hacia el teléfono. Respuestas a preguntas que lo han atormentado durante años. Ricky pensó que ésa era una idea fascinante. Pero el interés de la observación se vio superado por la creciente irritación que le despertaba la actitud de la joven.

Sólo mostraba arrogancia y seguridad. Puso la mano en el auricular. No sabía qué otra cosa hacer. De lo contrario llamaré a la policía y dejaré que ella se encargue de todo. Ni tampoco qué tiene de juego pedirme que me suicide. La joven le señaló la mano. Pero no si descuelgas ese teléfono y llamas a la policía.

Estamos sólo en el primer día, Ricky. Rendirte ahora sería como aceptar la derrota antes del saque inicial. Antes de haber tenido tiempo de pasar siquiera del medio campo.

Ricky apartó la mano. Todo poeta necesita un guía. La mujer se encogió de hombros. Es muy rico y puede contratar todo tipo de ayuda. Cualquier clase de ayuda que quiera. Para lograr cualquier medio y fin que prevea para cualquier plan que tenga en mente. El señor R no es tan ingenuo como para 2 revelar su identidad a meros factótums como yo. Y, aunque pudiera ayudarte, no lo haría. Nadie querría entrar ahí Tienes que cruzar esa entrada. Pero las dudas siembran vacilación y sólo te quedan dos semanas para jugar, lo que es poco tiempo.

De ahí que te haya enviado un guía de fiar para que arranques. Usted insiste con lo de un juego. Usted y su jefe, el misterioso señor R, pueden joderme la vida si quieren. Eso es una cosa. Pero otra muy distinta es que involucren a mis pacientes. Eso supone cruzar un límite. Virgil levantó una mano. Él la miró con dureza. Pero ella hizo caso omiso y, con un ligero gesto de la mano, añadió: Yo no participé en esa conversación, de modo que no puedo darte detalles.

Mi función era otra. Sin embargo, te diré quién intervino. Una mujer de mediana edad y algo desfavorecida llamada Lu Anne, un nombre bonito y, sin duda, inusual y poco adecuado dada su precaria situación en este mundo. El caso, Ricky, es que cuando me vaya de aquí, te convendría hablar con Lu Anne. Quién sabe lo que podrías averiguar. Ricky iba a pedirle que se explicara, pero Virgil se levantó. Fac es de la raíz del verbo latino facio, facere, que significa hacer, y totum, todo.

Después, con un movimiento brusco, dejó caer la prenda al suelo. No llevaba nada debajo. Se puso una mano en la cadera y ladeó el cuerpo provocativamente en su dirección. Se volvió y le dio la espalda un momento, para girar de nuevo y mirarlo de frente.

Ricky asimiló la totalidad de su figura con una sola mirada. No eres tan viejo. No hace falta que contestes. Conozco bien la reacción. La he visto antes, en muchos hombres. Sobre todo el cuerpo de una mujer que no conoce. Una visión que es toda aventura. Su mirada cae en cascada, como el agua por un precipicio. Entonces, como pasa ahora contigo, que preferirías contemplar mi entrepierna, el contacto visual provoca algo de culpa.

Hacía años que no estaba en presencia de una mujer desnuda, y eso parecía generar una convulsión en su interior. Le retumbaban los oídos con cada palabra de Virgil, y era consciente de que se sentía acalorado, como si la elevada temperatura exterior hubiese irrumpido en la consulta.

Se dio la vuelta una segunda vez para exhibirse de nuevo. Posó, primero en una posición y luego en otra, como la modelo de un artista que trata de encontrar la postura correcta. Finalmente, se agachó despacio para recoger la gabardina negra del suelo. La sostuvo un segundo, como si le costara volver a ponérsela. Empezó a hablar, pero Virgil levantó una mano. La sesión ha terminado por hoy. Te he dado mucha información y ahora te toca actuar.

Bueno, esos tiempos se han acabado, Ricky. Cuando el guía te señala, tienes que seguir el camino. Que no te pillen de brazos cruzados. Manos a la obra y todo eso. Ya sabes, al que madruga Dios le ayuda. Es un consejo buenísimo.

Se dirigió con rapidez a la puerta. Puede que de vez en cuando. Veremos cómo te va. Escuchó un momento el taconeo de sus zapatos en el pasillo. Luego, se levantó de un brinco y corrió hacia la puerta. La abrió, pero Virgil ya no estaba en el pasillo. Se quedó ahí un instante y volvió a entrar en la consulta. Se acercó a la ventana y miró fuera, justo a tiempo de ver cómo la joven salía por el portal del edificio. Una limusina negra se acercó a la entrada y Virgil subió en ella.

El coche se alejó calle abajo, de forma demasiado repentina para que Ricky pudiese haber visto la matrícula o cualquier otra característica de haber sido lo bastante organizado e inteligente como para pensar en ello.

A veces, frente a las playas de Cape Cod, en Wellfleet, cerca de su casa de veraneo, se forman unas fuertes corrientes de retorno superficial que pueden ser peligrosas y, en ocasiones, mortales. Se crean debido a la fuerza del océano al golpear la costa, que acaba por excavar una especie de surco bajo las olas en la restinga que protege la playa.

Entonces, en la superficie se produce la corriente de retorno. Como la corriente de retorno superficial es estrecha, no hay que luchar nunca contra ella. Hay que limitarse a nadar paralelo a la costa, y en unos segundos el tirón violento de la corriente se suaviza y lo deja a uno a poca distancia de la playa. De hecho, las corrientes de retorno 19 John Katzenbach El psicoanalista superficial suelen ser también cortas, de modo que uno se puede dejar llevar por ellas y cuando el tirón disminuye situarse en el lugar adecuado y nadar de vuelta a la playa.

Estar atrapado por una fuerza muy superior es aterrador. El miedo y el mar son una combinación letal. El terror y el agotamiento ganan al bañista. Ricky recordaba haber leído en el Cape Cod Times por lo menos un caso cada verano de alguien ahogado, a escasos metros de la costa y la seguridad.

Intentó controlar sus emociones, porque se sentía atrapado en una corriente de retorno superficial. Inspiró hondo y luchó contra la sensación de que lo arrastraban hacia un lugar oscuro y peligroso. Ni su madre sobreprotectora.

Sólo un tono de llamada reiterado y frustrante. En ese momento de confusión decidió que debía hablar directamente con Zimmerman. Zimmerman era un hombre amargado pero incapaz de callarse nada.

Ricky colgó con brusquedad el auricular y agarró la chaqueta. En unos segundos estaba fuera. Las calles de la ciudad seguían llenas de luz diurna, aunque ya era el atardecer. Nueva York, como toda gran ciudad, aunque presumiera de veinticuatro horas de vida al día, seguía los mismos ritmos que cualquier otro sitio: Pero en ese momento el apetito de Ricky Starks era de otro tipo.

Hizo algo que no hacía casi nunca. En lugar de tomar un taxi, se dispuso a cruzar Central Park a pie. Pensó que el tiempo y el ejercicio le ayudarían a dominar sus emociones, a controlar lo que le estaba pasando. El calor del día se había prolongado al anochecer. Al cabo de pocos metros, notó que el sudor se le acumulaba en el cuello y las axilas.

Se aflojó la corbata, se quitó la chaqueta y se la echó al hombro, lo que le daba un aspecto desenvuelto que contradecía lo que sentía.

Vio gente disciplinada que paseaba al perro en las zonas habilitadas para ello y pasó junto a varios partidos de béisbol en campos dispuestos de tal modo que los perímetros se tocaban. Parecía existir una extraña etiqueta urbana para este espacio compartido, de modo que cada jugador concentraba la atención en su propio partido sin inmiscuirse en el otro.

De vez en cuando, una pelota bateada invadía el terreno del otro campo, y los jugadores encajaban diligentemente esa interrupción antes de seguir con el suyo. Ricky pensó que la vida rara vez era tan sencilla y tan armoniosa. Tardó otro cuarto de hora de paseo a buen ritmo en llegar a la manzana de la casa de Zimmerman. Para entonces estaba sudado de verdad, y deseaba llevar unas zapatillas de deporte viejas en lugar de aquellos mocasines de piel que parecían irle pequeños y amenazaban con provocarle llagas.

Tenía empapada la camiseta y manchada la camisa azul, el cabello apelmazado y pegado a la frente. Se detuvo frente al escaparate de una tienda para comprobar su aspecto y, en lugar del médico disciplinado y sereno que saludaba a sus pacientes con el rostro inexpresivo a la puerta de su consulta, vio a un hombre desaliñado y ansioso, perdido en un mar de indecisión.

Parecía agobiado y acaso un poco asustado. Dedicó unos instantes a recobrar la compostura. Nunca antes, en sus casi tres décadas de profesión, había roto la relación rígida y formal entre paciente y analista. Por muy desesperado que pudiese sentirse el paciente, era éste quien se desplazaba con su depresión hacia la consulta. Él quien se acercaba a Ricky. Si estaba angustiado y abrumado, lo llamaba y pedía hora. Eso formaba parte del proceso de mejora. Por difícil que les resultara a algunas personas, por mucho que sus emociones las incapacitaran, el mero acto físico de ir a su consulta era un paso fundamental.

Verse fuera de 20 John Katzenbach El psicoanalista la consulta era algo totalmente excepcional. A veces, las barreras artificiales y las distancias que creaba la relación entre paciente y médico parecían crueles, pero gracias a ellas se llegaba a la percepción.

Vaciló en la esquina, a media manzana del piso de Zimmerman, un poco sorprendido de estar ahí. Que su vacilación se diferenciara poco de las veces en que Zimmerman caminaba arriba y abajo frente a su edificio le pasó inadvertido. Dio dos o tres pasos y se detuvo. Sacudió la cabeza y, en voz baja, masculló: Una pareja joven que pasaba cerca debió de oír sus palabras, porque el chico dijo: No es tan difícil.

La chica se echó a reír y simuló darle un golpecito como si lo reprendiera por ser tan ingenioso y maleducado a la vez. Recordó las palabras de Virgil: Zimmerman había decidido dejar el tratamiento a las dos y treinta y siete de esa tarde en una parada de metro cercana. De nuevo el teléfono sonó una docena de veces sin que nadie contestara.

Esta vez, sin embargo, Ricky se sintió aliviado. La ausencia de respuesta en casa de Zimmerman parecía eximirlo de la necesidad de llamar a su puerta, aunque le sorprendía que la madre no contestara. Echó un largo vistazo al edificio donde vivía Zimmerman y sacudió la cabeza. La carta amenazadora, el acoso a la hija de su sobrino y la aparición de aquella despampanante mujer en su consulta habían alterado su equilibrio.

Necesitaba reimplantar el orden en los acontecimientos y trazarse un camino a seguir para salir del juego en que estaba atrapado. Decirse estas cosas lo tranquilizó. Se dio media vuelta, decidido a regresar a su casa y hacer las maletas para irse de vacaciones. Sin embargo, vio la entrada de la parada de metro de la calle Noventa y dos.

Como muchas otras, consistía en unas simples escaleras que se hundían en la tierra, con un discreto rótulo de letras amarillas arriba. Avanzó en esa dirección, se detuvo un momento en lo alto de las escaleras y bajó, impulsado de repente por una sensación de error y de miedo, como si algo estuviera saliendo despacio de la niebla y volviéndose nítido. Sus pasos resonaron en los peldaños. La luz artificial zumbaba y se reflejaba en las baldosas de la pared. Lo asaltó un olor rancio, como al abrir un armario que lleva años cerrado, seguido de una sensación de moderado calor, como si las temperaturas del día hubiesen calentado la parada y ésta recién empezara a enfriarse.

En ese momento había poca gente en la estación, y en la taquilla vio a una mujer negra. Esperó un momento hasta que no la atosigara nadie pidiéndole cambio y se acercó. Se inclinó hacia la rejilla plateada para hablar a través del cristal. En aquella pared de allí tiene los planos. Me gustaría saber algo. Sé que suena extraño pero Ocurrió antes de mi turno.

O se cayó, no lo sé. La policía vino y se fue antes de que empezara mi turno. Lo limpiaron todo y se llevaron a un par de testigos. Eso es todo lo que sé. Yo no tengo detalles. Ricky retrocedió con un nudo en el estómago. Necesitaba aire y ahí dentro no lo había. Un tren inundó la estación Con un chirrido insoportable, corno si 21 John Katzenbach El psicoanalista reducir la velocidad para parar fuera una tortura. El sonido lo taladró y lo sacudió como si le dieran puñetazos. Él asintió y Susurró una respuesta que la mujer no pudo oír.

Y como un borracho que intenta conducir un coche por una carretera sinuosa, zigzagueó hacia la salida. La acritud le hizo vacilar, lo suficiente para verse asaltado por una algarabía insólita, mezcla de lo rutinario y lo surrealista. A su lado pasaban policías con la camisa azul empapada de sudor, y sus pistoleras de cuero hacían un extraño contrapunto al crujido de sus relucientes zapatos negros.

Un teléfono sonó en alguna parte, pero nadie contestó. Ricky cruzó la puerta, confundido por todo lo que veía y oía, nada seguro de lo que debía hacer. La mujer del mostrador levantó un puño y lo blandió ante el sargento de guardia con un torrente final de palabras que fluyeron como una sólida muralla de improperios y, tras dar al niño una sacudida para que se volviera, se giró con el entrecejo fruncido y, al salir, empujó a Ricky como si fuera tan insignificante como 4 una cucaracha.

Ricky se recompuso y se acercó al sargento. Alguien había grabado a escondidas JODT en la madera del mostrador, una opinión que, al parecer, nadie se había molestado en borrar. Lo dicen, pero nunca es de verdad. Pero, qué caray, yo escucho a todo el mundo.

Lo que quería decir es Eso es algo importante que te enseña la vida. El sargento debía de tener cuarenta y pocos años y exhibía una sonrisa indiferente que parecía indicar que, llegado a este punto de su vida, ya había visto todo lo que valía la pena ver. El mostrador estaba lleno de formularios e informes de incidentes, dispuestos, al parecer, sin orden ni concierto. El sargento sonrió de nuevo sacudiendo la cabeza.

Todos decimos que queremos encontrar una manera de empezar la vida de nuevo, pero las cosas no son así. Pero, qué caray, pruebe. Un hombre se cayó Pero conocía a ese hombre, creo. Ricky asintió — Un trabajo interesante —comentó el policía—.

En mi caso, me parece que me echaría una siesta en cuanto recostara la cabeza. Un bostezo y me quedaría frito. Cruce la puerta doble, siga el pasillo, la oficina queda a la izquierda. Se lo han dado al detective Riggins. O lo que quedaba de él después de que el expreso de la Octava Avenida pasara por la estación de la calle Noventa y dos a casi cien kilómetros por hora. El policía señaló un par de puertas que daban a las entrañas de la comisaría. Se rió e hizo un movimiento con la mano para alejar a Ricky en la dirección correcta, y la brisa que levantó hizo vibrar los papeles.

Ricky Starks la empujó para entrar en un despacho pequeño con mesas deprimentes de metal gris y la misma iluminación hiriente. Parpadeó un instante, como si el resplandor le escociera los ojos como agua salada. Llevaba el cabello rubio oscuro recogido con severidad en una coleta, lo que la hacía parecer un poco mayor de los treinta y cinco años que Ricky podría haberle dado. Tenía unas diminutas patas de gallo.

Si se hubiese encontrado a ese par en la calle, sin duda se habría asustado. El detective que estaba sentado frente a él le preguntó de golpe: El hombre descolgó el teléfono y señaló unas sillas junto a una pared de la oficina. El diagnóstico de Ricky fue inmediato: No había atendido profesionalmente a nadie con su afección desde sus días de universidad, aunque a lo largo de los años se había cruzado con muchas personas parecidas que caminaban por las calles como casi cualquier otro neoyorquino.

Ricky se puso tenso al oír el nombre de la mujer. Inspiró hondo y se acercó a la hilera de sillas. Ella levantó los ojos, algo sorprendida. Puede sentarse donde quiera Lu Anne tenía unas uñas mugrientas y rotas, cicatrices y ampollas en las manos y, en una, un corte que parecía infectado, con la piel hinchada alrededor de una costra morada. Ricky pensó que debía de ser doloroso, pero no dijo nada. Lu Anne se frotó las manos como un cocinero que espolvorea un plato con sal.

Ricky se sentó en la silla. Se movió, como si tratara de ponerse cómodo, y preguntó: Lu Anne levantó la mirada hacia los fluorescentes y contempló el resplandor brillante e implacable. No se imagina lo que yo vi, toda la sangre y la gente que gritaba, algo terrible. Y después llegó la policía. Pues bien, debería decirle que a veces. A veces vivo ahí. Pasado un momento, se volvió hacia Ricky. Muy triste para usted. Algunos conocidos míos han muerto.

Fue triste para mí entonces. La mujer tosió un par de veces, como para aclararse la garganta. Quiere saber sobre el hombre que murió y la mujer bonita. Pero me interesa —aseguró para animarla. Y me habla muy bajito cuando me pregunta: Era el expreso, claro, y no para, no, nunca para, tienes que tomar el metropolitano si quieres subirte a un tren. Nadie en absoluto, Lu Anne. Tienes que estar totalmente segura de eso, Lu Anne.

Nadie empujó al hombre. Es tu obligación como ciudadana contarles que viste saltar al hombre. Diez dólares sólo para mí. Pero me lo hace prometer. No me dio diez dólares. Y mala suerte, también. Levantó la mirada y vio que la detective cruzaba la oficina hacia ellos. Que lograra esbozar una leve sonrisa a modo de presentación le sorprendió. Lu Anne, pediré a un agente que la lleve a pasar la noche al 24 John Katzenbach El psicoanalista albergue de la calle Ciento dos.

Ha sido de gran ayuda. Por si necesito volver a hablar con usted. Riggins indicó la puerta, donde un par de agentes uniformados estaban esperando. Lu Anne se levantó y sacudió la cabeza.

Si quiere, les pediré que pongan las luces y la sirena. Eso hizo sonreír a Lu Anne, que asintió con entusiasmo infantil. La detective hizo señas a los policías de uniforme y dijo: Ambos agentes se encogieron de hombros, sonrientes.

Ricky observó que la mujer perturbada asentía y hablaba de nuevo consigo misma mientras se alejaba arrastrando los pies acompañada por los policías. Se volvió y vio que la detective Riggins también contemplaba su marcha. Y no se mueve demasiado. Me gustaría saber quién es realmente. Familia, amigos, parientes que se pregunten qué ha sido de su excéntrica tía o prima.

A lo mejor es heredera de una fortuna del petróleo o ganadora de la lotería. Me gustaría saber qué le pasó para acabar así. Para que todas las sustancias químicas del cerebro le burbujeen descontroladas. Pero una esquizofrenia tan profunda como la suya necesita medicación. Lo que yo hago seguramente no ayudaría demasiado a Lu Anne.

Riggins le indicó su mesa, que tenía una silla dispuesta al Iado. Cruzaron juntos la oficina. Le sirvió para enderezar su vida. Como en cualquier profesión, hay muchos grados de competencia. Se psicoanalizó durante un año. En absoluto —aseguró Ricky. De nuevo, Ricky dudó antes de responder. Seguía luchando con los temas que lo atormentaban. Sus palabras sonaron tensas: Ricky se mordió el labio un instante y luego asintió.

Riggins hizo una anotación en el bloc. Ricky no pudo ver qué escribía. De lo contrario yo habría adoptado medidas Tal vez medicación, si hubiese creído que el peligro era real Pero en ese caso los signos eran claros. Mis esfuerzos, sin embargo, no fueron suficientes para aliviar la profunda depresión de ese paciente. Ricky se recostó en la silla con el entrecejo fruncido.

Si no cree que se suicidara, la alternativa es que alguien lo empujó. En principio, al parecer nadie intentaba acabar con él. Usted cree que alguien pudo empujarle a la vía del tren. Era su oportunidad de contar a la policía lo de la carta, la visita de Virgil, el juego en que se le exigía participar. Empezó a abrir la boca para revelar todos estos detalles, para dejarlos fluir con libertad, pero lo que vio fue una detective aburrida y cansada que deseaba acabar una jornada absolutamente desagradable con un formulario mecanografiado que no disponía de ninguna casilla para la información que iba a proporcionarle.

En ese instante decidió abstenerse. Era su personalidad de psicoanalista, que no le dejaba compartir especulaciones u opiniones con facilidad.

Riggins arrugó el entrecejo al parecer confusa. Una mujer y un hombre ven que uno de los ciudadanos menos afortunados de nuestra gran ciudad podría ser un testigo importante de un hecho y se aseguran de que el pobre testigo reciba alguna compensación por ofrecer su ayuda a la policía. Llevaron a Lu Anne a uno de los primeros policías en llegar al andén y se marcharon después de informarle de que ellos no habían visto qué había pasado exactamente.

Y no, no tengo el nombre de ninguno de los dos porque no eran testigos. Ricky no sabía si quería contestar esa pregunta. En parte, pensaba que debería contarlo todo, pero ignoraba lo peligroso que eso podía ser.

Intentaba calcular, adivinar, valorar y examinar, pero de repente le pareció como si todos los acontecimientos que lo rodeaban fueran borrosos e indescifrables, confusos y escurridizos.

Sacudió la cabeza, como si así pudiera lograr que sus emociones adquirieran alguna definición. Su estado no parecía tan grave — aseguró Ricky—. Anote eso, detective, y póngalo en su informe. Riggins se encogió de hombros y sonrió con una fatiga mal disimulada y teñida de sarcasmo. Nadie vio que no lo empujaran. Dos chicos vieron que estaba solo, separado del resto de la gente que esperaba el metro.

El perfil de los hechos, por cierto, es bastante habitual en este tipo de casos. Tal como el señor Zimmerman hizo. Apuesto lo que quiera a que encontraré una nota entre sus pertenencias, en alguna parte. O puede que usted reciba una carta por correo esta semana. Claro que, como se va de vacaciones, a lo mejor no la recibe hasta su regreso. Ricky quería replicar, pero contuvo el enojo que sentía. Por si necesitara ponerme en contacto con usted —pidió con frialdad.

Le entregó una tarjeta con una leve floritura. Ricky se la guardó en el bolsillo sin mirada y se levantó para marcharse. El ruido retumbó en sus oídos y resonó en el rellano vacío y poco iluminado de la escalera. Giró la llave en el doble cerrojo de la puerta principal que tan pocas veces usaba. Movió el picaporte para asegurarse. Después, inseguro de que bastara con los cerrojos, atrancó una silla contra la puerta a modo de anticuado refuerzo. Le costó refrenarse para no amontonar también el escritorio, cajas, estanterías, todo lo que tuviera a mano, contra la puerta para atrincherarse dentro.

El sudor le escocía los ojos y, aunque el aire acondicionado zumbaba afanoso fuera de la ventana de la consulta, sentía oleadas repentinas de calor. Un soldado, un policía, un piloto, un montañista, cualquiera versado en las diversas vertientes del peligro, las habría reconocido como lo que eran: Se alejó de la puerta y contempló su casa.

Una tenue luz sobre la puerta proyectaba unas extrañas sombras en los rincones de la sala de espera. La puerta de la consulta estaba abierta. De pronto tuvo la sensación de que, cuando había dejado el refugio de su hogar esa tarde minutos después de la visita de Virgil, había cerrado esa puerta tras él, como era su costumbre.

La aprensión le carcomió y lo llenó de dudas. Contempló la puerta abierta mientras trataba de recordar con desesperación sus pasos exactos al irse. Se vio cruzando el piso y saliendo por la puerta principal, esperando a que bajara el ascensor del tercer piso, saliendo a la calle, donde el bochorno seguía. No había sido una salida distinta a millares de otras en millares de días.

Fue a la vuelta cuando todo parecía torcido o algo deforme, como ver su imagen reflejada en un espejo de feria, distorsionada por mucho que uno se contorneara y girara.

Se mordió el labio, frustrado, y procuró recordar el tacto del pomo en la mano, el ruido de la puerta al cerrarse a su espalda. Ninguno de ellos contaría con reconocimiento oficial de su actividad. La Iglesia podía arremeter contra los homosexuales de una manera distinta de como lo hacía con los heterosexuales. Los clientes de los bares vivían con el temor de ser detenidos. Ser revelado como gay era una vergüenza social y un peligro económico mientras que estar en el closet deparaba cierta privacidad y beneficios.

En la encuesta realizada en , encontramos que los gays costarricenses vivían muy escondidos. La vida en el closet era una fuente de problemas pero también tenía sus beneficios: En vista de que el tema de la homosexualidad era censurado, ésta se retrataba como un acto criminal en los medios de comunicación. Por el contrario, ser expuesto como homosexual llevaba a la persona a ser despedida de su trabajo y expulsada de su familia. El precio que pagar por la revelación era la muerte social.

Jacobo Schifter Sikora Esta imagen distorsionada ayudaba a los mismos homosexuales: Pocos homosexuales eran entonces perseguidos y la mayoría pasaba inadvertida. El machismo latino, o sea la existencia de una cultura que excluye a la mujer, trabajaba en este campo a su favor: Foucault no cree que los cambios en el pensamiento se susciten por acumulaciones de experiencias, o desarrollos científicos.

Ésto se demuestra por el hecho de que Stonewall el levantamiento armado gay en Nueva York en , el auge del movimiento gay norteamericano, el debate de la psiquiatría sobre la homosexualidad y la lucha por la paz centroamericana, no cambiaron el statu quo de los gays en Costa Rica. Mientras Oscar Arias, presidente del país en , recibía el Premio Nobel de la Paz por su mediación en el conflicto centroamericano, su gobierno realizaba las peores redadas en contra de los bares gays. Mientras el precio de la revelación de la identidad se mantuviera alto o sea que la represión fuese imponente y el closet ofreciera ciertos beneficios la posibilidad de ciertos y reducidos espacios para la homosexualidad , la población gay no daría muestras de cuestionar el statu quo.

Toda situación subordinada es, para Simmel, prerrevolucionaria. Un detonante se encarga, en cierto momento, de hacer estallar las cosas. De ahí que aunque el movimiento gay norteamericano tuvo alguna influencia en el país, las cosas siguieron igual en la década de los setentas y parte de los ochentas. Sin embargo, a mediados de los ochentas la situación cambiaría radicalmente. El closet dejaría de ser un lugar seguro y la homosexualidad se haría visible de dos maneras: El sida como detonante En el caso costarricense, la información sobre el sida había llegado antes de que aparecieran, en , los primeros casos.

La persecución que hizo la Iglesia Católica contra los gays no fue menos virulenta. Existe un plan divino, cierto orden; si los hombres no lo siguen hay advertencias de que las cosas andan mal. El problema del sida ya nosotros sabíamos que venía: Por eso apareció el sida Pronto el Ministerio de Salud empezaría a rastrear los ligues sexuales de las personas enfermas con el supuesto fin de pedirles que se hicieran el examen del VIH.

En un pequeño país como Costa Rica, en donde no existe ni confidencialidad ni anonimato para tirarse un pedo, la mayoría de los homosexuales activos estaban en las manos de un homofóbico ministro de salud. El mismo examen del VIH era una fuente de información. Para muchos hombres gays, solo el hecho de ser llamados a una entrevista por sospechas de infección con el VIH era una forma de ser sacados del anonimato.

El tío soltero de cuarenta años dejaba de ser percibido solo como un excéntrico. Cada persona que se enfermaba y moría, dejaba una cadena de amigos y conocidos que ahora eran vinculados con su orientación sexual. Los costarricenses homosexuales serían sacados del closet por la pandemia. De a julio de , homo-bisexuales desarrollaron la enfermedad. Cada año entre 26 a hombres homo-bisexuales desarrollaron la enfermedad.

Los que fallecieron en este período fueron , o sea aproximadamente 2 hombres homo-bisexuales por semana También la de los amigos, conocidos y compañeros de las personas con sida.

El trauma de perder a casi un millar de personas y el hecho que otros miles se contagiaron, tendría un gran impacto en la comunidad gay y en la manera en que ésta se relacionaba con la mayoría heterosexual. Algunos me dijeron que se sentían como los judíos que iban para el matadero.

A diferencia con Stonewall en los Estados Unidos, no hubo un levantamiento armado esa noche, ni la siguiente, ni ninguno hasta ahora. Pero las cosas cambiarían. Por vez primera en la historia del país, los gays y las lesbianas se unieron para formar la primera organización política y protestar en la prensa por la redada. La Asociación de Lucha contra el Sida, fundada en y el ILPES, en , tendrían como objetivo realizar la prevención en la comunidad que el gobierno no estaba dispuesto a hacer.

A partir de ese año, se programaron cursos de prevención y concientización para gays con el fin de incentivar el sexo seguro. Otra sesión valora la masturbación como sexo completo.

El sexo oral como alternativa segura a pesar del debate sobre el asunto es incentivado. Los talleres tratan de analizar por qué la Iglesia cristiana persigue a los gays y cómo se les invisibiliza y hostiga por medio de una moral sexual arbitraria.

Los talleres no solo incentivan la organización gay, sino que también cuestionaban la sobrevalorización de la penetración en la cultura latina. En otras palabras, casi el doble prefería la penetración al sexo oral La revolución del cuerpo A pesar de la organización política gay en el país, la membresía en todas ellas no llega en a las personas.

Sin embargo, el sida no ha dejado de tener un impacto en ellos. Por un lado, los talleres dieron la teoría para cuestionar el modelo de penetración que imperaba en el país. De acuerdo con Gary W.

Dowsett21 , algunos estudios en los Estados Unidos habían sostenido que la organización y la participación en la comunidad gay no era un factor importante para explicar los cambios en el sexo seguro. En Australia, por el contrario, se consideró que ésta debía incluir no solo lo político, sino lo social y lo sexual.

Sin embargo, después de una lenta aceptación del condón y con el aprendizaje que hicieron de los talleres y las películas, ellos optaron por hacer cambios. Le tenía terror al sida y a contagiarme. Prefería tener sexo solo. Ahí fue dónde aprendí a disfrutar otras cosas que no fueran la penetración. Recuerdo que antes no se me ocurría que se pudiera hacer otra cosa. A mí me daba asco el semen y no me agradaba hacer el sexo oral.

Sin embargo, aprendí y empecé a disfrutarlo. El pacto de años con la Iglesia y el Estado llegaba a su fin: Ésto traería enormes beneficios: El cine porno, que se puede mirar cómodamente en la casa, ha sido importado principalmente de los Estados Unidos. A diferencia de la cultura tradicional latinoamericana, tiene otros valores: El sexo oral adquiere gran importancia. Los actores demuestran cómo se hace y parecen disfrutar largos períodos haciéndolo. El sexo en grupo, la masturbación, el voyerismo y cierto sadismo son promovidos.

Los actores gozan mirando a otros realizando el sexo, por medio de cortinas, huecos o telescopios. Es importante que se muestre a los hombres eyaculando. Sin embargo, no todos lo hacen al mismo tiempo.

Se enseña que no tiene por qué haber sincronización. Los lugares en que se filma son particulares. Existe cierto grado de expectativa y hasta de peligro por no saber la orientación sexual de alguno de los actores.

Parte de lo erótico es la seducción de hombres aparentemente no identificables como gays. El tamaño da poder.

El órgano sexual masculino es grande. Si no fuera de buenas proporciones, los actores no encontrarían trabajo. La masculinidad es privilegiada. Los actores son machos. El cine porno norteamericano excluye a los hombres afeminados. La belleza física otorga beneficios. En los saunas se hicieron un total de 22 entrevistas a profundidad durante tres meses. Tuvieron una duración aproximada de dos horas cada una. En otros sectores de sexo anónimo, se hicieron diferentes visitas para observar el ambiente y se obtuvieron narraciones de algunos entrevistados.

Para realizar este trabajo se contrató a un hombre gay que había investigado estas actividades y que sirvió de observador participativo, entrevistador a profundidad y analista de la situación, en cuatro lugares específicos: Obviamente, debido a lo delicado de su labor, no se pudo llenar el cuestionario.

En este lapso el etnógrafo participó en actividades en estos sitios y recabó, sin revelar su calidad de investigador, la información. Se consideró necesario mantener en secreto su labor por varios motivos. Uno de ellos es que de haberse revelado como observador, hubiese levantado sospechas, recelos y desconfianza, lo que habría incidido en distorsionar la información.

En segundo lugar, en vista de que algunos de estos lugares son sumamente peligrosos, cualquier persona vista como ajena a la actividad que realiza, puede ser blanco de ataques. Esto sucedió de todas maneras ya que el etnógrafo fue asaltado dos veces. Adicionalmente, una forma de lograr las entrevistas fue por medio del interés de los entrevistados por el etnógrafo.

La investigación estuvo a cargo de un investigador principal, el Dr. Schifter, las diferentes guías y cuestionarios que se aplicaron. En términos generales, el Diagrama 1 resume la organización adoptada institucionalmente para desarrollar el estudio. Esta fase tuvo una duración aproximada de dos meses.

La segunda fase, el desarrollo del trabajo de campo, se realizó en dos meses, a la vez que se construía la base de datos para ingresar la información de los cuestionarios y se realizaba la transcripción de las entrevistas. Este proceso, en conjunto, tuvo una duración de cuatro meses. El cuestionario se estructuró y precodificó en su mayoría.

Contiene aproximadamente 90 preguntas divididas en las siguientes partes: Los resultados relacionados con la duración de la entrevista se encuentran en la Tabla 1 Para realizar la encuesta se contrató un equipo de cinco entrevistadores, a quienes se les brindó una capacitación previa. El proceso duró aproximadamente cuatro semanas y no se presentaron mayores problemas en su realización. Tomando en consideración las limitaciones obvias de tiempo y recursos, se decidió concentrar la encuesta en estos lugares, ya que el acceso sería relativamente sencillo.

Para seleccionar la muestra no existía un marco muestral que permitiera establecer un proceso de selección. No obstante, fue factible construirlo. Para su construcción, se tomaron en cuenta los siguientes aspectos: Elaborar un listado de los bares, cantinas, discotecas y restaurantes a los que asiste la población. Fueron incluidos en el marco muestral un total de 7 establecimientos con las características deseadas. Los resultados indicaron que sí era posible lograr el tamaño de muestra propuesto.

Se insiste en que las estimaciones fueron realizadas solo para analizar la posibilidad de cumplir con el tamaño de muestra deseado. La aleatoriedad de la muestra quedó determinada por la escogencia de horas al azar y porque se consideró que el flujo de personas que ingresaba a un establecimiento específico también se da en forma aleatoria.

En realidad, la selección de un grupo de horas específicas al azar se hizo por cuestiones de orden y para evitar que el entrevistador tuviera una carga de trabajo que no pudiera manejar. Finalmente, se hicieron entrevistas en centros de reunión social. En este caso, el procedimiento de muestreo se aplicó con Probabilidad Proporcional al Tamaño cantidad de personas que llegaban al lugar respectivo del establecimiento PPT.

El tamaño de la muestra fue determinado tomando en cuenta el tiempo necesario para contar con los resultados y la disponibilidad de los fondos. En general, el grado de cooperación durante la entrevista fue aceptable, pues el El estudio cualitativo Esta fase estuvo dividida en dos partes. Este proceso tuvo un mes de duración.

Las poblaciones a las cuales interesaba observar en este proceso fueron las siguientes: Una vez que salían del lugar, se reunían para grabar sus observaciones e impresiones. La segunda fase del estudio cualitativo consistió en aplicar una guía de entrevistas a profundidad, la que también estuvo dividida en dos partes. En esta parte, las guías tardaron en aplicarse de tres a cinco horas en promedio. Para estas tres poblaciones, se abordaron tres temas principales: En esta segunda fase, las guías se aplicaron en un promedio de dos horas.

Las entrevistas con los hombres en prostitución se realizaron en El Salón, gracias al apoyo que brindó el M. Se realizaron 60 entrevistas en total. Los mayores problemas se presentaron con los policías y el personal de seguridad, debido a que las condiciones para realizar la entrevista eran bastante adversas, ya que había que hacerla en alguna oficina o dormitorio, lo cual nunca garantizó un total aislamiento.

Finalmente, uno de los etnógrafos participó como miembro en los cuatro talleres para hombres gays víctimas de abuso sexual y físico.

A continuación, presentamos un resumen de los informes tal como los escribieron los etnógrafos y los testigos oculares: La Municipalidad de San José es la responsable de su cuido pero ésta se contenta con enviar a sus jardineros una que otra vez al año. Tampoco queda claro si les ponen algo de abono. El olor de orines en las raíces confirma sus aseveraciones. Como toman tanto licor y vienen medio borrachas, alimentan el suelo. En el centro del parque, se encuentra un monumento al heroísmo costarricense.

Unos fornidos hombres de bronce sostienen la bandera nacional en una hazaña militar. Los pobres no ganamos nada. Aquí llueve seis meses al año y los poyos se mojan todos los días y nadie los limpia. Bueno, pues uno sí los limpia cuando se sienta. Son unos ochenta en todo el parque. Tengo que venirme temprano porque un reguero de locas me lo quieren quitar. En este país nadie respeta lo ajeno. Cuando me voy dejo unos chinches para que la loca que se siente después se pinche el culo.

Como informa un entrevistado de nombre Mario, estudiante de 17 años: El comportamiento de los grupos que se establecen en el parque tiene mucho que ver con el hecho de la iluminación.

Cuando no hay alumbrado, se presta para que la gente entre en el Parque y haga su ligue, para el acople con otras personas. Esto en el sentido de que puede participar abiertamente de una relación sexual, inclusive hasta con penetración. Otras veces, por la misma oscuridad, se hace posible quedar encubierto y hacer orgías con 3 o 5 personas.

La gente se acerca, se habla, se saluda y se dice las frases introductorias para conocerse un poco. Existen lugares como callejones aledaños que por su oscuridad permanente, se convierten en sitios muy concurridos. Tiene salida por ambos extremos, y a un costado del callejón pasa la línea del tren. Al otro costado, hay muros de los patios de algunas casas. Es un lugar maloliente porque algunos indigentes defecan a la orilla de los muros y hay mucha basura que tiran los vecinos.

En algunas épocas, crecen zacatales altos que son cortados regularmente. La actividad gay comienza apenas cae la noche. Éste tiene escasos 2 x 2 metros de tamaño, y no cuenta con iluminación. Es un sitio de sexo anónimo muy concurrido todos los días, especialmente en horas de la noche. Durante el día hay un muchacho que cobra dos colones por el derecho de usar el orinal. Ésta ha sido una medida adoptada recientemente como una forma de controlar la intensa actividad sexual. Después de las 6 de la tarde, la persona encargada de cobrar se va y el lugar se torna en un centro de ligue y de encuentros sexuales.

Este orinal ha llegado a ser tan conocido como sitio de ligue gay, que en varias oportunidades el etnógrafo escuchó cuando llegaron hombres heterosexuales a hacer uso del servicio y por estar el orinal lleno de gente gay tiene capacidad para 8 personas incómodamente ubicadas , éstos dijeron: Así lo describe el etnógrafo: El orinal huele mal ya que nadie le pone desinfectante. Hay cuatro hombres haciendo que orinan pero se la pasan viendo los penes de los otros. Como no me puse a orinar y me quedo viendo a los usuarios, uno me dice: Los otros tres se ponen a reír y uno se vuelve y me toca el órgano y le dice al otro: Después de las 11 u Los alcohólicos y las personas que viven en la calle derrumbaron la puerta hace uno o dos años.

Mientras las lentas cortes costarricenses determinan su legítimo dueño, los clientes del parque lo han hecho su segundo hogar. La casa no tiene techo y solo se puede usar cuando no llueve. Sin embargo, la gente se ha ingeniado una manera de mirar a quién entra: Otra forma de hacer lo mismo es inhalar el cigarrillo. Juan, un joven gay de 22 años, nos relata que una vez llegó un tipo con un foco.

La loca alumbraba groseramente a todo el mundo. Cuando el etnógrafo se acostumbró a la oscuridad y a las luces de los cigarrillos, contó a unas 12 personas. La mitad de los clientes estaban en el vestíbulo. Ninguno se inmutó con su presencia.

Tiene sexo con otro pero su interés es ahora con él. Es un hombre guapo y masculino. Sus ojos son hermosísimos y el etnógrafo no puede dejar de sentir atracción. No existe trabajo de etnografía que no cambie la cultura que observa.

El cine Otro sitio frecuentado por gays en busca de ligues y contactos sexuales es la sala del cine. En sus alrededores, existen prostíbulos de mujeres y de travestis. El local es un edificio antiguo y muy deteriorado, notoriamente sucio en su interior.

Una mujer de sesenta años, muy maquillada pero que podría pasar por una burócrata del gobierno, nos vende el tiquete. Muchas de las víctimas de Treblinka, cuando llegaban en tren de toda Europa, se maquillaban y se arreglaban el pelo antes de bajar. Aunque tenían evidencia de que les esperaba la muerte, se engañaban hasta el final. El precio de entrada es colones. La clientela no muestra divertirse con el cómico. A la gente solo le interesa si la película tiene tomas de noche o de día.

Cuando son de noche, la luz baja y uno se le tira al hombre que quiere. El interior del edificio se encuentra totalmente descuidado. Huele a polvo, a orinal. Las butacas se hallan rayadas, y algunas, quebradas. Ésta la rompió la Rhino, una loca gorda que se le sentó encima a un pachuco. Los clientes han designado las secciones de acuerdo con las divisiones del Teatro Nacional: Sin embargo, las diferencias no tienen nada que ver con la cercanía o lejanía del escenario.

El período anterior al inicio de la proyección de la cinta sirve a los clientes para ver los posibles contactos sexuales. Como te comenté anteriormente, creo que el cine Beirut es un lugar inadecuado para mucha gente, pero sin embargo es un lugar gay.

Te lo dicen en la cara: Algunos muchachos se van con ellos porque no tienen dientes y así los prefieren para el sexo oral. Aquí tener chapas de dientes no es mal visto. Víctor nos explica quiénes son: En esta parte de abajo, muy cerca de la pantalla, hay una puerta que se mantiene usualmente entreabierta.

Esa puerta da directamente al baño. Esa parte de abajo es tétrica, completamente sucia. La parte izquierda no es tan concurrida. En la parte del centro llega muy poca gente a sentarse.

Me siento en la parte de arriba y hago que miro la película. Un fornido hombre de unos treinta años se sienta a la par mía. Mientras en la pantalla Cantinflas hace el ridículo de torero, mi vecino se empieza a tocar mientras me clava la mirada. Siento temor porque no sé qué hacer. Mientras Cantinflas hace sus piruetas, el vecino ya se ha sacado su órgano y se lo toca suavemente.

Mete su mano y empieza a masturbarlo. Pasan dos empleados con focos en busca de una billetera que se perdió. Los saunas Los saunas se diferencian de los lugares anteriores en que son centros privados.

Las personas que ahí ingresan son exclusivamente homosexuales o bisexuales y conocen el tipo de actividad que se practica. En lo que se refiere a la clientela, las personas que asisten a los saunas se asemejan a los que asisten a los bares. Son hombres gays o bisexuales que prefieren estar en centros reconocidos como tales.

Sin embargo, a diferencia de las discotecas gays, los saunas tienen una finalidad: Para esta parte se estudiaron tres saunas gays en San José. El precio de entrada era de colones en y el negocio abre a las 2 de la tarde y cierra a las 9 de la noche.

Es atendido por toda una familia de un hombre gay casado: Cuando la madre atiende, se comporta como si el local fuera de verdad un spa. La mujer lleva un crucifijo y tiene una imagen de la Virgen en su pequeña oficina. Ella misma tiene que limpiar los cubículos y los baños. Al ingresar en el sitio se le entrega al cliente una pequeña manta, una toalla de baño, un candado y una llave para el casillero. Ahí mismo es cobrado el precio de la entrada. Aquí todos los hombres saben a lo que vienen.

No existe el misterio de los parques y de los cines. La desnudez del cuerpo y del deseo son totalmente evidentes. Sin embargo, la modestia latina perdura. Dos hombres gays se ponen, por ejemplo, la toalla antes de quitarse el calzoncillo. De esta manera, esconden sus genitales. Otros, por el contrario, se desnudan totalmente antes de ponerse el paño.

Otros hacen como que no han venido a hacer el sexo. La cultura latina carece de la honestidad de los saunas norteamericanos. No poseen iluminación eléctrica. Uno suda como una mona y se le pega en la espalda y se siente horrible.

El masajista es generalmente un cachero, un hombre heterosexual que hace el sexo solo por dinero. Ella se hizo un transplante y tiene que taparse los huecos que le hicieron adelante. Me siento como Jane en la selva. Se encuentra situado en el centro de San José. Ésto con el fin de evitar la asistencia de personas no homosexuales.

Tiene un horario también de 2 de la tarde a las 9 de la noche. Al subir las escaleras, es necesario tocar un timbre para que el encargado abra el portón de hierro. Al ingresar, se cobran colones y se entrega la manta para cubrirse, la toalla de baño y la llave del candado del casillero respectivo.

A la par de la puerta se encuentra la oficina de una abogada. Algunas veces, sus clientes y los del sauna se topan en las escaleras. La Susanita, el dueño del local, tiene unos masajistas prostitutos que les encanta su trabajo. Estaba viendo las noticias locales cuando uno de ellos se puso a verlas conmigo.

Cuando me di cuenta, me dijo que la Adelia Cuadrada, una presentadora de noticias, le ponía cachondo. Actualmente, tiene una parada de buses. Ésto se ha convertido en un problema para algunos clientes que temen ser vistos al entrar. Para ingresar por la puerta principal, es necesario tocar un timbre y José, el encargado, abre la puerta de rejas. Esta persona hace una selección de quién entra.

No se permite el ingreso de personas desconocidas o poco atractivas. Mejor busque uno para personas mayores. Media hora después, el mismo José hace una excepción. How can I help you? Aquí en Latón es como estar en Amsterdam. El sauna se llena horas después. Se ha corrido la bola en todo San José que han llegado a Latón futbolistas rubios, altos y grandes. A diferencia de los otros saunas, la toalla es muy corta.

Salgo y me quedo mirando la película de tanda. No había terminado de hablar cuando ya el otro había desaparecido. Ambas carecen de iluminación. En éstas también se establecen las relaciones sexuales. Los clientes se han concentrado en la sala grande donde han ingresado los holandeses. Cuando el ambiente entra en calor, los futbolistas se quitan las toallas y muestran su mercancía.

Tres clientes se les acercan y hacen lo mismo. Hasta en el tamaño de los chunches nos ganan los europeos! Tiene dos servicios sanitarios y dos duchas. En ambos servicios sanitarios hay afiches del Ministerio de Salud sobre el sida. En este hay unos pocos aparatos de pesas bastante deteriorados. Los aparatos sirven para convencer a las autoridades despistadas que el local es un gimnasio. Carlos así lo relata: La pobre no pudo sentarse por una semana.

Sin embargo, los mismos funcionarios sabían que todo era una pantalla. Junto a este gimnasio hay dos pequeñas habitaciones. El otro no cuenta con puertas. Existen en ambas una colchoneta de vinil.

Un día encontré un hombre campesino, masculino, hermoso y caliente en el sauna. Nos fuimos a este mismo cuarto y tuvimos una relación maravillosa. Creí sinceramente que había encontrado al hombre de mi vida. Nuestra relación fue tierna cuando tenía que serlo y feroz cuando no.

Existía una química tan misteriosa y sentía que ese hombre tenía que ser mío. Me fui a la ducha y soñaba con salir del sauna y llevarme a este macho a la casa. Cuando regresé a la habitación me di cuenta que no estaba y pensé que se bañaba. Lo esperé con el ansia con que se espera el verdadero amor. Mientras lo hacía, oigo una pareja que ingresa en el otro cubículo.

Pronto se oían gemidos de éxtasis. A diferencia de los saunas anteriores, en éste se cobran colones al salir. Existían otros lugares pequeños que no fueron analizados: Uno que otro cine tenía también su movimiento. Sin embargo, éstos eran los principales. En , solo el cine Beirut tenía una división de la clientela de acuerdo con las preferencias sexuales específicas.

Ahora todos los lugares se han dividido el espacio de acuerdo con los gustos sexuales. En un mundo globalizado en que el tiempo se acorta, tiene sentido que los prostitutos se dividan los poyos y los espacios entre los que son nicaragüenses, los que son heterosexuales, los que son gays, los que son activos y los que son pasivos.

Los clientes pueden así escoger mejor su mercancía. La integración de los mercados y el derrumbe de las trabas tarifarias han llegado, por fin, al subdesarrollo. Aunque el callejón sigue en vigencia, no así La Casa que ha sido convertida en un parqueo privado. Otro es que el parque se ha especializado. Los costados sur y oeste son frecuentados por trabajadores sexuales, cuyas edades oscilan entre los 17 y los 25 años aproximadamente, que ofrecen sus servicios allí por las noches.

Estos jóvenes de la calle asaltan tanto a los gays como a los trabajadores del sexo. Unos veinte hombres, entre participantes y espectadores, se involucraron en la orgía. Otro cambio ha sido la generalización de la micción. Orinar o pretender hacerlo es asunto grupal ahora. En vista de que los trabajadores sexuales tienen su espacio, los clientes no tienen que perder tiempo descifrando personalidades.

El etnógrafo grabó una de las llamadas que recibió: Soy Armando, para servirle. Tengo la picha toda parada. Te cuento cómo tengo la picha si me respondés unas preguntas. Algunas veces me cito con la gente para irnos a otro lado. Ubicado frente a una iglesia, ocupa una manzana de terreno recientemente restaurado como parte del proceso de embellecimiento de la Municipalidad capitalina.

En la zona de teléfonos ubicada al oeste, por ejemplo, se desarrollan numerosos ligues; allí se finge telefonear y comienzan a intercambiarse miradas ya sea con quienes usan el teléfono o quienes pretenden esperar que alguno se desocupe. Ésto es una forma de insinuarse al tipo que espera.

Miramos cómo una vez que cuelga y se aleja, el hombre que hacía que esperaba lo sigue y se ponen de acuerdo. Los baños se encuentran ubicados al fondo del local del restaurante, que por cierto se señala como un lugar de cita de la comunidad gay capitalina.

Los baños ofrecen una notoria privacidad. Uno de los etnógrafos fue testigo de un encuentro sexual en el sitio. Al ingresar, pudo observar a varios individuos ocupando tanto el lavamanos como los orinales de pared.

Uno de ellos, situado en un orinal, mostraba su pene a un joven a su lado, quien extendió la mano para proceder a masturbarlo. Al oeste del Parque Principal se ubica otro sitio de similares características, el Parque de La Misericordia.

Aquí los trabajadores sexuales de origen nicaragüense son la mayoría absoluta. Hacia la parte norte del centro de San José se encuentran localizados otros dos parques que forman parte de esta geografía del deseo: En el costado sur del Parque Pinochet se ubica Thai Pei, uno de los principales prostíbulos femeninos de la capital, por lo que el flujo de personas, principalmente hombres -nacionales y extranjeros- en el sitio es constante incluso en horas de la noche. Desde hace unos años, el Parque Pinochet se ha convertido en lugar de contacto para trabajadoras sexuales y sus clientes, e incluso recientemente han empezado a ubicarse en sus proximidades travestis dedicados a la misma actividad.

En cuanto al Parque Colombia, éste ha sido mencionado por algunos trabajadores sexuales masculinos como sitio de ligue. Lo mismo sucede en otros centros comerciales. Quienes acuden para ligar empiezan a llegar al sitio alrededor del mediodía, y pueden prolongar su permanencia durante algunas horas.

A diferencia de otros lugares, la interacción se da aquí a plena luz del día, por lo que los códigos varían sensiblemente.

About the author

los anuncios de prostitutas en los parabrisas serán ilegales sexo anal prostitutas administrator

so far

los anuncios de prostitutas en los parabrisas serán ilegales sexo anal prostitutasPosted on10:12 pm - Oct 2, 2012

Dismiss me from it.